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El Memo del Lunes

Cómo caminar a través de un campo minado de publicidad

Cómo caminar a través de un campo minado de publicidad

Si vas a comunicarte efectivamente con una persona, tienes que conocer algo acerca de sus creencias.
La mayor parte de escritores supone que sus lectores miran y creen como ellos. Y cuando conscientemente le escriben a la gente que cree distinto, sus escritos frecuentemente adoptan un tono de discusión, apoyándose mucho en evidencia y ejemplos, con subtonos de burla y mala representación. Estos escritores persuaden a nadie, sino que hacen más grande la brecha.
Para lograr la venta, tienes que ganarte el respeto de tu audiencia.
La creencia nunca es una cuestión de evidencia; siempre es una cuestión de escoger.
No puedes llevar a una persona a donde quieres que vayan, hasta que primero los encuentras en donde están.
(A) Perspectiva: Tienes que ver a través de sus ojos.
(B) Empatía: Sentir lo que sienten.
(C) Utilizar palabras que amen. Cuando encuentras a tu cliente en ese lugar seguro y estableces el vínculo de una perspectiva común, entonces puedes comenzar suavemente a darles la nueva información.
5. La gente nunca cambia de opinión. Si les das la misma información que les dieron en el pasado, van a continuar tomando la misma decisión que en el pasado. Van a continuar estando en desacuerdo contigo.
6. Cuando una persona parece haber “cambiado de opinión” es que simplemente tomaron una nueva decisión basada en nueva información. Y esta nueva información siempre debería ser compartida desde la plataforma de una perspectiva en común.
7. Gánate el corazón y la mente lo seguirá.
La mente siempre va a crear lógica para justificar lo que el corazón ya decidió.
Este va a ser el primer anuncio en una serie de uno año:
Mi nombre es Tim Schmidt y probablemente nunca has escuchado acerca de mi compañía. Enseñamos a gente cómo evitar el peligro, salvar vidas y mantener a sus seres queridos a salvo. En este momento tenemos casi medio millón de miembros. Pero aún así, probablemente nunca has escuchado de nosotros. Porque nuestros miembros están entrenados a NO hablar de ello. Es probable que algunos de nuestros miembros sean amigos tuyos. Y nunca te lo hayan dicho. Porque hablar de ello NO es lo que hacemos. Lo que hacemos es evitar el peligro, salvar vidas y mantener a sus seres queridos a salvo. Nuestros miembros son doctores y madres solteras y bomberos y abuelas y veteranos y demócratas y republicanos y miembros de cualquier credo. Somos sensatos, responsables y no violentos. Pero cuando estás con alguno de nuestros miembros, estás seguro, porque ellos saben exactamente qué hacer si algo loco ocurre. Más importante, ellos saben exactamente qué NO hacer. Somos la Asociación de Portación Oculta de los Estados Unidos (United States Concealed Carry Association). Mira de qué se trata en USConcealedCarry.com.
DEVIN: Descubre la poco conocida historia detrás de la US Concealed Carry Association en USConcealedCarry.com
Aquí te va una pregunta:
P: ¿Por qué alguien se metería conscientemente en un campo minado?
R: Para llegar al otro lado.
¿Hay un campo minado que necesites cruzar?
¿Has estado evitándolo porque todo el mundo te dice que es muy peligroso?
¿Estás listo para empezar?
Roy H. Williams

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El Memo del Lunes

Islas de escritores

Islas de escritores

Cada libro es una isla que sólo existe en la mente de su escritor y la esperanza de todo escritor es que tú visites su isla y quedes feliz de haberlo hecho. Pero en la Lejana Cercanía (The Faraway Nearby), su libro acerca de cómo forjamos nuestras vidas de historias y cómo estamos conectados por la empatía, narrativa e imaginación, Rebecca Solnit dice:
“El objeto que llamamos libro no es el verdadero libro, sino su potencial, como una partitura musical o una semilla. Existe plenamente sólo en el acto de ser leído. Y su verdadero hogar es dentro de la mente del lector, en donde resuena la sinfonía y germina la semilla. Un libro es un corazón que sólo palpita en el pecho de otro.”
Yo pienso en los libros como islas, pero Rebecca Solnit piensa en ellos como partituras de música o semillas. Seguí ese tren de pensamientos hasta que me di cuenta que ella y yo simplemente habíamos descubierto diferentes metáforas para describir cómo los libros son portales literarios de escape hacia realidades alternas.
Aburrido de sólo verme el ombligo, decidí investigar los 5,067 pasajes en la base de datos de citas aleatorias en MondayMorningMemo.com para ver cuántos otros escritores habían hablado de islas. Así que me conecté a la sección de administración, tecleé la palabra “isla” en la barra de búsqueda y me encantó encontrar que había transcrito pasajes de “islas” de no menos de una docena de mis autores favoritos.
“Algo del sentimiento sagrado en las islas viene, creo, de esta geografía extraña, elástica. Las islas se hacen más grandes, paradójicamente, por la escala del mar que las rodea. El elemento que pudiera reducirlas, que pudiera pensarse que las cerca, tiene el efecto opuesto. El mar eleva estas pocas hectáreas a algo que nunca serían si estuvieran escondidas tierra adentro. El mar vuelve significativas a las islas.”
– Adam Nicolson, Sea Room
Desde 1888 hasta su muerte en 1894, Robert Louis Stevenson vivió en el Mar del Sur. El diario acerca de sus viajes por las islas se publicó inmediatamente después de su muerte.
“Pocos hombres que vienen a las islas las dejan; les salen canas en donde arribaron; las palmeras les hacen sombra y las brisas los abanican hasta que se mueren, tal vez atesorando hasta el final la idea de una visita a casa, que rara vez se realiza, más raro aún se disfruta y aún más rara vez se repite. Ninguna parte del mundo ejercita el mismo poder atractivo sobre el visitante y la tarea que tengo delante mío es comunicar a los viajeros de chimenea algún sentido de su seducción y describir la vida, en el mar y la tierra, de muchos cientos de miles de personas, algunas de nuestra propia sangre y lenguaje, todos ellos contemporáneos nuestros, y aún así tan remotos en pensamientos y hábitos como Rob Roy o Barbarossa, los Apóstoles o los Césares.”
Tres años más tarde, Mary Kingsley habló de sus Viajes por el Oeste de África (Travels in West Africa), un bestseller en 1897.
“Una vez, un hipopótamo y yo estuvimos juntos en una isla y yo quería que uno de los dos partiera. Prefería ser yo la que lo hiciera, pero el hipopótamo estaba cerca de mi canoa y parecía que se iba a quedar allí, así que avancé cautelosa y tímidamente hacia él y finalmente lo rasqué detrás de la oreja con mi paraguas y nos separamos en buenos términos. Pero con el cocodrilo fue diferente…”
Pero 30 años antes que Robert Louis Stevenson y Mary Kingsley escribieran acerca de sus islas, Mark Twain tuvo algunas palabras qué decir acerca de la propuesta anexión por parte de los Estados Unidos de las Islas de Sandwich:
“Cuando estas islas fueron descubiertas, la población era de alrededor de 400,000 personas, pero el hombre blanco llegó y trajo varias enfermedades complicadas y educación y civilización y toda clase de calamidades y consecuentemente la población comenzó a declinar con una actividad notable. Hace cuarenta años fueron reducidos a 200,000 y cuando incrementaron las facilidades educacionales y civilizadoras, se redujeron a 55,000, y está propuesto enviar a unos cuantos misioneros más y acabarlos. No es la educación o la civilización las que los conquistó, son las enfermedades importadas y ya todos padecen de tuberculosis y otras aflicciones confiables y, hablando en forma figurativa, están retirándose de sus negocios muy rápido. Cuando agarren sus cosas y se vayan, podremos tomar posesión como sus herederos legítimos.”
En su libro, Marina, Carlos Ruiz Zafón escribe acerca de una isla extraña en el corazón de Barcelona.
“El cementerio de Sarrià es una de las esquinas mejor ocultas de Barcelona. Si lo buscas en los mapas, no lo encontrarás. Si le preguntas a los locales o a los taxistas cómo llegar, probablemente no sabrán cómo, aunque todos hayan escuchado hablar de él. Y si, por casualidad, tratas de buscarlo por tu cuenta, lo más probable es que te pierdas. Los pocos afortunados que saben el secreto de su ubicación sospechan que este viejo cementerio es, de hecho, una isla perdida en el océano del pasado, que aparece y desaparece aleatoriamente.”
“Las memorias de cientos de personas yacen allí. Sus vidas, sus sentimientos, sus expectativas, su ausencia, los sueños que nunca se les cumplieron, las decepciones, los engaños y los amores no correspondidos que envenenaron sus existencias… Todo esto está aquí, atrapado para siempre.”
Y luego tenemos el ingenio divertido y adorable de Bill Bryson en su libro En casa (At Home):
“El verdadero logro de Colón fue lograr cruzar el océano en ambas direcciones. Aunque era un marinero bastante eficiente, no era muy bueno para nada más, especialmente la geografía, la destreza que debería ser vital para un explorador. Sería difícil nombrar cualquier figura en la historia que haya logrado una fama tan duradera con tan poca capacidad. Se pasó buena parte de ocho años rebotando por las islas del Caribe y la costa de América, convencido de estar en el corazón del Oriente y que Japón y China estaban a la orilla de cada atardecer. Nunca se dio cuenta que Cuba es una isla y nunca puso un pie, o aún sospechó la existencia de la masa de tierra al norte que todo el mundo cree que descubrió: los Estados Unidos.”
Hace ochenta años, John Steinbeck publicó el Mar de Cortez (Sea of Cortez), el diario de viajes de una travesía oceánica con Ed Ricketts, su mejor amigo.
“El Volador del Oeste se lanzó sobre las grandes olas hacia las Islas Cedros, el viento les quitó las tapaderas a las cumbres blancas y el gran lazo, de proa a popa, comenzó a vibrar como el tubo bajo de un órgano tremendo. Cantó su nota grave al viento.
En su libro, Los pilares de Hércules (The Pillars of Hercules), Paul Therox escribió acerca de dos clases de islas:
“Alerta pero separado, Bowles se reclinaba sobre una caja en su recámara de cortinas pesadas, sobre calentada por un calentador primitivo, una antorcha pegada a un cilindro de gas. Le gustaba el calor, alguna vez había pasado sus inviernos en una isla en Sri Lanka que había comprado. Y ahora en este pequeño y caluroso cuarto, con las cortinas cerradas, estaba en otra clase de isla. Ningún espacio de habitación podría haber sido más pequeño que este cuarto trasero en donde obviamente vivía y trabajaba; él comía aquí, escribía aquí, dormía aquí. Sus libros, su música, su medicina. Su mundo se había reducido a estas paredes. Pero eso era sólo lo que aparentaba… Su mundo se encontraba dentro de su mente y su imaginación era extensa.”
Anne Morrow Lindbergh, la madre de un niño de 20 meses que fue resonadamente secuestrado y asesinado, más tarde escribió:
“Siento que todos somos islas — en un mar en común.”
Pero la habían contradicho 300 años con la cita más famosa de islas de todas:
“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.”
— John Donne, 1624, Meditación XVII
Pero mi cita favorita acerca de islas viene del maravilloso Walt Disney quien dijo:
“Hay más tesoros en los libros que en todos los botines de piratas en la Isla del Tesoro.”
Amén, Walt. Amén.
Roy H. Williams

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Mi herencia de Phil

Yo tenía 24 años cuando Phil tenía 60 y era un tipo muy inusual. Articulado pero callado, apasionado pero calmado y posiblemente el mejor escucha del mundo.
Para cuando tenía 60 años, Phil había viajado a más de 40 países, publicado historias, artículos y poemas en más de 50 revistas y acumulado una biblioteca personal de libros que se desbordaba de los cuartos pequeños de su modesto hogar.
Se me ocurre mientras escribo esto que los libros era lo que parecían tener en común todos mis amigos.
Phil y yo compartimos historias durante sólo 3 años antes que Pennie y yo nos mudáramos, pero nos escribíamos por carta una vez al mes hasta ese día fatídico en el 2019 en que él dejó este mundo para mudarse con un amigo.
Tenía 97 años.
Phil siempre usó corbata. No tenías muchas, pero cada una de ellas era especial para él. Le dio a su esposa, Barbara, instrucciones cuidadosas antes de morir acerca de cuál corbata quería que tuviera cada uno de sus amigos. La corbata que recibí está cubierta de libros en libreras. Está colgada sobre las cortinas del estudio en mi casa.
Cuando Barbara murió en el 2020, recibí una llamada por teléfono de su nieto, Cooper, informándome que Phi me había dejado su biblioteca.
La biblioteca de Phil era tan ecléctica como él mismo:
La autobiografía de A.A. Milne, (autor de Winnie the Pooh)
La vida de Abraham Lincoln, por Tarbell
Literatura y el hombre del oeste, por J.B. Priestly
Entendiendo tipos, sombras y nombre, un set de 2 volúmenes.
El evangelio de Moisés, por Samuel J. Schultz
La estación Hawksbill, por Robert Silverberg
El pequeño ministro, por J.M. Barrie (el autor de Peter Pan)
El pastor de las montañas y Cuando un hombre es un hombre, por Harold Bell Wright
Y mira que los camellos venían, por Edward Cuyler Kurtz
Y luego tenemos Jules Verne, Mark Twain, Nathaniel Hawthorne, Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Zane Grey, Louisa May Alcott, Theodore Roosevelt, y las obras completas de James Whitcomb Riley y William Makepeace Thackeray.
Y porque Phil era un pastor y un estudioso de la Biblia:
Un set gordo de 4 volúmenes de Estudios de la palabra en el Nuevo Testamento Griego,
Un abogado estudia la Biblia,
La tesorería de David,
El Antiguo Testamento y las bellas artes, por Cynthia Maus
Cristo y las bellas artes, por Cynthia Maus
y unas cuantas docenas de libros acerca del Tabernáculo en el desierto,
junto con unos cuantos cientos de comentarios bíblicos y exposiciones de Escritura Sagrada.
Y luego está un set precioso de 27 volúmenes presentando las pinturas de todos los grandes artistas de los últimos 600 años.
Pennie y yo compramos un nuevo trailer para mandarle a Joe Davis cuando fue a recoger los libros a 500 millas de distancia. Ese trailer tiene 17 pies de largo, 8 1/2 pies de ancho y tiene un techo de 9 pies de alto y está equipado para cargar 1/2 tonelada. Joe lo manejó de regreso a casa despacio porque el trailer estaba sobrecargado.
Vas a fijarte en un par de cosas nuevas en el Centro de Bienvenida cuando llegues la próxima vez a la Academia del Mago. La primera va a ser el olor de comida deliciosa. Pennie está persiguiendo una licencia para poner un café para que la gente pueda comer algo mientras se sientan con un libro o una computadora o un amigo y una copa de vino y se olvidan de sus preocupaciones durante un momento.
La segunda cosa que vas a ver serán los miles de libros que adornan las libreras que van de piso a techo con escaleras rodantes en el cuarto de lectura James Phillip Johnson. Y en el marco de madera sobre el que ruedan esas escaleras rodantes, podrás leer las últimas palabras que me dijo Phi:
“Adquieres educación con estudio, trabajo duro y persistencia. Pero absorbes cultura viendo arte, escuchando buena música y leyendo buenos libros”.
Escribí esas palabras en un pedazo de papel para poder agregarlas a la base de datos de Citas Aleatorias cuando regresara a casa.
No tenía idea que no volvería a escuchar otra vez la voz de Phil.
Roy H. Williams
¿Quieres algunos tips acerca de diseño efectivo de vallas publicitarias? Tengo algunos en la madriguera del conejo de hoy. — Indy Beagle
“En los reinos de Inglaterra el son de campanas ya es uno de los hábitos de la tarde, pero el hombre, de niño, ha visto la cara de Woden, el horror divino y la exultación, el torpe ídolo de madera recargado de monedas romanas y de vestiduras pesadas, el sacrificio de caballos, perros y prisioneros. Antes del alba morirá y con él morirán, y no volverán, las últimas imágenes inmediatas de los ritos paganos; el mundo será un poco más pobre cuando este sajón haya muerto.

Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos. En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre. ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, qué forma patética o deleznable perderá el mundo? ¿La voz de Macedonio Fernández, la imagen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas, una barra de azufre en el cajón de un escritorio de caoba?”
– Jorge Luis Borges, El testigo