
David y yo comenzamos a construir intercambiadores de calor en una fábrica de acero pesado en Oklahoma cuando teníamos 14 años.
Nos conocían en todo el mundo como “esos niños”.
Las fábricas de acero son famosas por el ruido, pero cuando escuchábamos “niños” sonar sobre la cacofonía de los martillos y los molinos, girábamos la cabeza hacia el sonido y comenzábamos a caminar hacia quien fuera que nos estuviera buscando.
“Duro, sucio y peligroso”, describe el trabajo y a los hombres con quienes trabajábamos.
Llamarlos “borrachos, torcidos y abandonados” ciertamente sería menos amable, pero no menos preciso.
Ellos eran también 8 o 9 sólidos hombres de familia, la mayoría de ellos capataces y supervisores.
Los enfriadores de petróleo que construimos eran del tamaño de un garage de dos carros. Y varias veces al día estos monstruos de metal eran elevados 5 o 6 pies sobre el suelo por una grúa y se balanceaban en el aire hacia otra parte del taller hasta 300 pies más allá.
El acero pesado volando en el aire es completamente implacable. Una de mis responsabilidades era llevar en el carro a los chicos lastimados al hospital. Pero pocos de mis pasajeros sangrientos se lastimaban en accidentes. La mayoría se lastimaban en peleas con sus compañeros.
Cuando ambos teníamos 16 años, a David y yo se nos unió un chico llamado Jay. De pelo oscuro, ojos oscuros y piel que definitivamente no era inglesa, irlandesa, escocesa o alemana. Nos cayó bien de inmediato.
David le puso una moneda a la máquina y le arrancó una Pepsi a sus mandíbulas mecánicas. Se la pasó a Jay y le preguntó: “¿Eres una especie de puertorriqueño o qué?”
Jay frunció el ceño y dijo: “No, no soy un maldito ‘pueltoliqueño’”
David sonrió, chocó su botella de Pepsi contra la que Jay sostenía, le dio un largo trago y dijo: “Es bueno conocerte, Rikkan.”
Nos enteramos más tare que Jay era italiano, pero su nombre fue Rikkan de allí en adelante.
Unos días más tarde, Rikkan comenzó a decirle “Cliff” a David y mi nombre de alguna forma se convirtió en “Dean”. Rikkan nunca nos contó por qué escogió esos nombres, pero se rehusó en decirnos de ninguna otra forma, así que David y yo nos alineamos. Comencé a decirle “Cliff” y él comenzó a decirme “Dean”.
Jay, David y Roy se convirtieron en “Rikkan, Cliff y Dean durante los siguientes 3 años. Totalmente absurdo, pero completamente verdadero.
Devin Wright tiene una risa que burbujea y siempre me ha gustado escucharla.
So when Devin began working with me 20 years ago, I would walk into his office each afternoon and ask a ridiculous question. Devin would laugh his sparkling laugh and I would walk away smiling.
One day I popped my head into his office and looked at him quizzically, as though I was confused. He looked back at me, equally puzzled. With a completely straight face, I asked “Did you get a spray tan?”
For once, Devin didn’t laugh. He vigorously denied it, utterly aghast that I would ever think that he was so vain and shallow that he would ever stoop to such a ridiculous…
I quit listening after that.
So now you know how “Spraytan” was born.
Jacob Harrison became “Boxwine” in a similar fashion,
Dave Cullen became “Skunkmeat”
Así que cuando Dean comenzó a trabajar conmigo hace 20 años, solía entrar a su oficina cada tarde y hacerle una pregunta absurda.
Devin se reía con su risa burbujeante y yo me alejaba con una sonrisa.
Un día metí me cabeza en su oficina y lo vi con un aire de pregunta, como si estuviera confundido. Me vio de regreso, igualmente confuso. Con la cara totalmente pasiva, le pregunté: “¿Te asoleaste con spray?”
Por esa única vez, Devin no se rió. Lo negó con vigor, totalmente espantado que tan siquiera se me ocurriera que él fuera tan vanidoso y superficial que sería capaz de rebajarse a algo tan ridículo…
Dejé de escuchar después de eso.
Howard Wolowitz se convirtió en “Fruit Loops”.
George Constanza se convirtió en “Koko” y
Jeffrey Eisenber se convirtió en “Jet”.
No, “Jet” no es una reducción de “Jeffrey”.
Cuando acepté juntarme a almorzar la semana pasada, Jeffrey sugirió por texto que nos juntáramos a las 1300 horas.
Le texteé de vuelta: “No sabía que estuvieras en las fuerzas aéreas. ¿Alguna vez volaste jets de combate?”
Si todo esto sueña como de poca educación, de baja clase, ridículos, sin cultura, sin refinamiento, fuera de moda, fuera de tiempo, como de dinosaurio y en mal gusto, estoy de acuerdo.
Pero nadie puede pasarse 4 años clave trabajando con borrachos, desviados y abandonados y salir de allí sin tan sólo un mal hábito.
Roy H. Williams