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El Memo del Lunes

¿De quién es este obelisco?

¿De quién es este obelisco?

 

El primer obelisco fue un pilar de piedra con la punta en copo creado por los antiguos egipcios para honrar al dios sol.
Es un dedo, apuntando al cielo.
El ejército romano se llevó los obeliscos egipcios de vuelta a Roma como señal de su poder sobre esa nación.
El Vaticano descubrió un obelisco egipcio enterrado hace quinientos años y lo puso en la Plaza de San Pedro como señal de la victoria del catolicismo sobre el paganismo. “Nuestro Dios es mejor que tus dioses”.
Los obeliscos modernos se erigen como monumentos a personas, eventos y logros.
Pero el obelisco que me interesa más es una daga dentada de roca que se eleva mil ochocientos cuarenta y cuatro pies sobre la superficie del océano. Esta flecha hacia el cielo se conoce como la Pirámide de Ball desde 1788, aún cuando ya era incontables de siglos vieja cuando la madre de Henry Ball le dio a luz.
Nunca le perteneció en realidad a Ball; él simplemente la descubrió.
Creo que le ponemos nuestros nombres a cosas porque queremos ser recordados, pero no es así como funcionan en realidad. Ben White y William Cannon son dos bulevares famosos de la ciudad donde vivo, pero nunca he conocido a alguien que me pudiera decir quiénes fueron esos hombres o qué hicieron.
Mi amigo Tom Grimes una vez me escribió un correo electrónico que decía:
“Nadie más que un puñado de personas va a pensar acerca de nosotros durante más de 15 minutos luego de nosotros irnos para siempre. Y cuando te das cuenta qué tan insignificante eres de verdad, eres libre para experimentar el mundo en la forma en que se supone que debe ser experimentado. Un momento a la vez. Y ‘Este Día’ es ‘Ese Día’.”
Creo que Tom tiene razón. Nuestras vidas no se miden por un gran logro, sino por todas las pequeñas cosas que hacemos y decimos. A cada persona se le da, cuando nace, una imaginación colorida y una lengua como pincel.
Hay pozos de color en nuestras vidas que dejan todas las personas que encontramos.
¡Y cómo amamos a esas personas que pintan nuestros corazones un brillante dedo de ánimo, apuntando hacia el cielo!
¿Qué vas a pintar hoy?
Roy H. Williams