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¿Eres la solución o el problema?

lunes, 11 de marzo de 2019

¿Eres la solución o el problema?

“¡Los venados han matado al roble! ¡Los venados han matado al roble!”
El Todd de cuarenta años — lo vamos a llamar Todd — entró corriendo en mi oficina con su segunda crisis del día. Esperaba que hubiera al menos una más.
Todd sentía que su trabajo era llamar mi atención acerca de todos los problemas para que yo pudiera decirle cómo solucionarlos. Todd era un idiota. Su único valor era que me dabe un ejemplo brillante de lo que significa ser un identificador de problemas en vez de un creador de soluciones.
¿Cuando miras un problema, deberías llevarlo ante tu jefe?
Sí, pero sólo si:
Te sientes seguro que tu jefe todavía no lo tiene presente.
Tienes una solución en mente y estás listo para sugerirla.
Estás preparado para implementar tu solución si te lo pidieran.
Bajas tu valor cuando señalas los problemas sin ofrecer implementar una solución.
Elevas tu valor cuando estás dispuesto a resolver cada problema con el que te enfrentas.
Si sientes que tienes la suficiente autoridad para implementar tu solución sin tener que obtener aprobación, entonces, por favor, hazlo.
Si no tienes la suficiente autoridad, entonces articula el problema junto con la solución que propones en la menor cantidad de palabras posible.
Mientras menos tiempo y atención requieras de tu jefe, mejor va a pensar tu jefe de ti. En un año o dos, tu jefe te va a comenzar a traer problemas que ni siquiera conocía, junto con la petición que los resuelvas.
Cuando ese día llegue, la única persona que puede ponerse en tu camino es un familiar del jefe o alguna otra persona a quien el jefe le deba lealtad.
Sí, el nepotismo es real. Sería tonto pretender que la realidad es diferente.
Esto nos trae a otro punto importante:
La clave del fracaso es aferrarte a la creencia que las cosas tienen que ser “como deberían ser”. La clave del éxito es ser capaz de lidiar con las cosas como realmente son.
Aprende a lidiar con las cosas como son. Deja de esperar que las cosas sean como deberían ser. Salvo, por supuesto, que estés dispuesto a dedicar tu vida a ser un reformador. Es un llamado muy encumbrado, pero uno difícil de monetizar.
Yo tuve mucha suerte de tener una madre que me enseñó estas cosas cuando estaba comenzando mi adolescencia.
Sin haberse graduado del colegio, ella tomó un trabajo básico cuando tenía 32 años porque se convirtió en la proveedora de nuestra familia. Yo tenía 11 en ese entonces. Mi mamá se retiró cuando tenía 54 años, habiendo sido la directora de todos los departamentos de la corporación más grande del mundo.
Ella era la que resolvía los problemas.
Cuando un departamento estaba en crisis, el director de ese departamento era despedido y ponían a cargo a mi mamá. En el transcurso de un año, se convertía en un departamento que se desempeñaba al máximo en la compañía. Ella se mantenía encabezando ese departamento hasta que otro estaba en crisis y despedían a otro gerente.
No le tomó mucho tiempo a esa compañía el verla como la persona con más recursos para resolver problemas. Y no le va a tomar mucho tiempo a tu compañía a ver lo mismo en ti.
El reconocimiento y la riqueza persiguen a la persona que resuelve todos los problemas que puede encontrar.
Are you willing to become that person?
¿Estás dispuesto a convertirte en esa persona?
Pobre Todd. Las cosas hubieran sido tanto mejores en su vida si tan sólo hubiera conocido a mi mamá.
Roy H. Williams

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