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El Memo del Lunes

¿Hemos olvidado cómo jugar?

¿Hemos olvidado cómo jugar?

La competencia puede ser entretenida, pero no la considero como “juego”.

¿Es eso poco moderno de mi parte?

El juego, para mí, puede no tener objetivo; ningún elemento de estrategia o combate o debate.

En The New Yorker del 14 de noviembre del 2011, John McPhee compartió una anécdota acerca de George Hartzog, un hombre que entendía acerca de mi clase de juego, y Tony Buford, un hombre que no lo entendía.

“Fue Hartzog quien tomó un set de planos que había permanecido en suspenso durante quince años y construyó el gran arco de St. Louis. Los que conocen la historia del arco dicen que si no hubiera sido por Hartzog, no existiría el arco. Hartzog el guardabosque es un héroe en St. Louis, pero en este momento no es un héroe para Tony Buford. `Maldita sea, George, este río es un desastre. No se puede pescar en este maldito río, George. La pesca aquí es muy mala.´”

“Hartzog mira a Buford durante un momento largo y la expresión en su cara indica lástima afectuosa. Le dice: `Tony, la pesca siempre es buena.´ La diferencia esencial entre estos amigos es que Buford es un pescador agresivo y Hartzog es un pescador pasivo. Esparcidas enfrente de Buford en la proa de su bote, hay una caja de tres niveles, abierta, que se parece al teclado de un órgano de viento enorme.”

De igual forma, John Ciardi entendió la importancia del verdadero juego, tal y como lo hace todo gran poeta. A continuación una porción de su ensayo, ¿Qué significa un poema?

Robert Frost sabía con precisión lo que quería decir el crítico alemán Baumgarten cuando habló acerca del impulso central hacia la poesía — y hacia todo el arte — como el Spieltrieb, el impulso del juego.

Un excelente ejemplo del impulso del juego en la poesía es un niño batiendo las palmas al sonido de una rima infantil.

¿Qué le importa al niño el “significado”? ¿Cuál es el significado del siguiente poema?

Por aquí pasó una pava

Chiquitita y voladora

En su pico lleva flores

Y en sus alas mis amores.

“Absurdo”, dice Mr. Gradgrind. Pero el niño es más sabio: él está ocupado divirtiéndose con el poema. El poema le place y lo involucra. Responde a él en una forma inmediatamente muscular. Reconoce su actuación de inmediato y quiere actuar con él.

Este es el primer nivel del juego. Así como el ritmo es el primer elemento de la música. El niño aplaude, se divierte y el juego no involucra prácticamente ninguna actividad de pensamiento. Más allá de este nivel de respuesta, allí comienza el tipo de juego cuyo placer yace para el poeta en sobreponerse a las dificultades de significado y pensamiento (y de sentimiento), y para el lector en identificarse con el poema en dicha actividad.

Mi propósito de hoy es recordarte del deleite que se puede obtener al explorar ideas sin un propósito, ni un plan, ni una agenda.

Lo único que debes hacer es seguir a tu curiosidad. Esto se puede hacer solo o con amigos que entiendan las reglas.

¿Reglas? ¿Reglas para jugar?

Sí. Son éstas. Para que una actividad sea un juego debe ser:

  1. Intrínsecamente motivante,
  2. Si juegas porque quieres ganar, no estar jugando de verdad,
  3. Escogida libremente,
  4. Si juegas porque tienes que hacer, no estás jugando,
  5. Divertido. Tienes que obtener placer de ello.

Algunas personas llamarían a ese tipo de actividades “desperdiciar el tiempo”.

Pero el tiempo no puede desperdiciarse, sólo gastarse.

Estas son las cosas que el tiempo gastado puede comprar:

Relajación de la mente,

Restauración del optimismo,

Rejuvenecimiento del alma.

¿Estás dispuesto?

Si lo estás, Indy Beagle y yo te tenemos una propuesta en la madriguera del conejo de hoy.

Para entrar en la madriguera del conejo, sólo tienes que dar clic sobre la imagen de la persona en el columpio debajo de la casa del árbol.

Veo aventura,

En tu futuro.

Roy H. Williams