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El Memo del Lunes

¡Qué mundo tan extraño en el que vivimos!

¡Qué mundo tan extraño en el que vivimos!

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Lo extraño que es nuestro mundo se demuestra con las cosas que damos por sentado.

Compré un libro usado. El nombre de la propietaria anterior era Mary Lou. Yo lo sé porque ella utilizó el ticket de su pase de abordar para marcar las páginas.

Hace algunos años, Mary Lou tomó el vuelo 5409 de United Airlines de San Diego a Los Ángeles en Año Nuevo. Se sentó en el asiento 10C.

Nada del otro mundo, ¿verdad? Puedes leer todo eso de un ticket de pase de abordar.

Pero luego también sé que tiene 44 años, con pelo corto, rubio y ojos azules brillantes. Conozco el sonido de su voz y el nombre de su hijo de 11 años y la dirección de su casa en Minneapolis. Puedo nombrar cada una de las 8 compañías que la han empleado como una colaboradora de eventos. Y sé que es una persona muy privada.

Me tomó menos de 5 minutos averiguar estas cosas y yo sólo tenía un poco de curiosidad.

Todo lo que tuve que hacer fue preguntarle a la compañera que llevo en el bolsillo. Ella lo sabe todo.

Mi compañera hasta me da direcciones cuando estoy manejando. “Cruza aquí. Métete en el carril izquierdo y cruza a la izquierda en la siguiente intersección. Tu destino se encontrará a la derecha.” Ella conoce cada recoveco de cada ciudad, pueblo y villo del planeta.

Ella me mostró una foto de la casa en donde vive Mary Lou con su esposo y su hijo.

Lo extraño que es nuestro mundo se demuestra por las cosas que damos por sentado.

Hay un perro de muchos colores que vive al otro lado de la calle, a dos casas.

Me persigue durante unas 100 yardas cada mañana cuando paso enfrente de su casa con el carro. Ambos conocemos el final de la carrera. Él no gruñe o ladra o actúa como que está protegiendo su territorio, a él sólo le gusta ver si puede correr más rápido que mi pickup.

Lo extraño es que él no hace carreras con Pennie o con alguien más.

Sólo conmigo.

Y él no me corre cuando paso en el carro de Pennie.

No conozco el nombre del perro, así que se lo pregunté a mi compañera de bolsillo.

Ella tampoco lo conoce.

Roy H. Williams