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El Memo del Lunes

Nuestra Clase de «Loco»

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Nuestra Clase de «Loco»

En 1879, Ferdinand Cheval era un cartero en Francia que se tropezó con una piedra de forma extraña y trastabilló torpemente hacia adelante. Tenía 43 años.

Esto normalmente no sería noticia, pero Cheval continuó trastabillando torpemente hacia adelante todos los días durante 33 años más. No fueron suyas las 10,000 horas de excelencia impulsadas por Malcolm Gladwell. Cheval trastabilló hacia adelante durante más de 10,000 días. El milagro que dejó en su jardín es protegido por Francia como un monumento cultural y es admirado por más de 120,000 visitantes cada año.

Ferdinand Cheval era nuestra clase de loco.

Al igual que tú y yo, Cheval inicialmente descartó su extraña idea por miedo a que la gente creyera que estaba loco. Pero cuando la idea le regresaba cual búmerang lanzado por un pastor australiano, dijo: «A la porra. Hagamos esto.»

Al día siguiente, Cheval reunió cemento y alambres y recogió rocas mientras caminaba su ruta de correos de 18 millas.

En un sueño yo había constuido un palacio, un castillo o unas cuevas, no lo puedo expresar bien… no le conté a nadie por miedo a ser ridiculizado y me sentí yo mismo ridículo. Luego quince años después, cuando casi había olvidado mi sueño, cuando ya no estaba pensando en él para nada, mi pie me lo recordó. Mi pie se tropezó con una piedra que casi me hizo caer. Quería saber qué era… Era una piedra de tan extraña forma que la puse en mi bolsillo para admirarla a mis anchas. Al día siguiente, regresé al mismo sitio. Encontré más piedras, aún más bellas, las reuní en ese sitio y me sobrecogió la felicidad… Es una piedra caliza formada por el agua y endurecida por el poder del tiempo. Se vuelve tan dura como roca. Representa una escultura tan extraña que es imposible ser imitada por el hombre, representa cualquier clase de animal, cualquier clase de caricatura. Me dije a mí mismo: ya que la Naturaleza está dispuesta a realizar la escultura, yo haré la construcción y la arquitectura.»

En el Salmo 8, David considera el espacio exterior y luego le pregunta a Dios:

«Al ver tu cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él? ¿qué es el hijo de Adán para que cuides de él?

Un poco inferior a un dios lo hiciste, lo coronaste de gloria y esplendor.

Le has hecho que domine las obras de tus manos, tú lo has puesto todo bajo sus pies…»

El Salmo 8 no nos cuenta si Dios le respondió sus preguntas a David ese día, pero si lo hubiera hecho, creo que la respuesta de Dios hubiera sido algo así:

«David, David, David… ¿Nunca te has fijado en la risa de las niñas pequeñas o escuchado las canciones de los cantantes o leído las palabras de los hombres sin miedo o visto la magia que salta del corazón de cada mensajero?»

Ferdinand Cheval tomó su inspiración de donde la encontró, aún cuando era ridícula.

Mi deseo de Navidad para ti es que puedas tener el valor de hacer lo mismo. Tú, también, eres un mensajero.

Dime, ¿cuál es tu sueño ridículo?

Roy H. Williams