
Recibí un correo el martes pasado de mi amigo Doug Burdon en el que menciona una historia que contaba Jesús.
Esa historia es llamada generalmente como “La parábola del sembrador y la semilla”.
La historia dice así:
Un granjero está esparciendo semilla.
Alguna de la semilla cae en la tierra compacta del camino en donde los pájaros llegan y se la comen.
La semilla cae sobre terreno pedregoso en donde germina y luego muere porque la tierra es muy delgada.
Alguna de la semilla cae entre espinos en donde germina, luego es ahogada por las malezas agresivas.
La semilla cae en tierra buena en donde genera una cosecha masiva.
Doug se refería a esa historia para hacer un punto completamente distinto al que yo estoy a punto de hacer, pero creo que hay un buen chance que Doug esté de acuerdo conmigo.
Piensa en esa lluvia de semilla como un publicista y a la semilla misma como el mensaje que contiene su publicidad.
Te darás cuenta que Jesús no dijo: “Enfócate en la tierra buena”. (No lo dice en Mateo 13. No lo dice en Marcos 4, y no lo dice en Lucas 8.)
Piensa en eso por un momento; el camino es fácil de ver. El tierro pedregoso y los pedazos con espinos también son obvios.
¿Por qué Jesús NO nos dijo que evitáramos esparcir la semilla en lugares en donde no es probable que crezca?
¿Por qué Jesús NO nos dijo que le apuntáramos al suelo bueno?
(Sí, te estoy hablando acerca de la sabiduría de utilizar medios masivos sin enfoque para esparcir tu mensaje. El uso consistente a largo plazo de la televisión abierta y de la radio abierta continúa siendo salvajemente efectivo, aún cuando alcancen a las masas no enfocadas, no filtradas y no lavadas.)
Estoy convencido que Jesús estaba familiarizado con el libro de Eclesiastés, el que fue escrito cientos de años antes que Él naciera. Éstos son los puntos claves que vas a encontrar en los primeros 6 versículos del capítulo 11 de Eclesiastés:
“Envía tu grano a través del océano: después de muchos días puede que recibas un gran retorno.” (Traducción: No caigas en la trampa del pensamiento a corto plazo — RHW) Quien sea que observa el viento no va a sembrar semilla. Quien sea que mire las nubes no va a tener cosecha. Pero tú no conoces el camino del viento… Siembra su semilla en la mañana y en la tarde no permitas que tus manos estén ociosas, pues tú no sabes qué va a tener éxito, si esto o aquello o si a ambos les ira igual de bien.”
En otras palabras: “Deja de tratar de conocer el final a partir del principio. Las actividades con energía son mucho más productivas que la recolección de datos y el análisis”.
No caigas en la trampa del pensamiento a corto plazo.
Siembra la semilla, siembra la semilla, siembra la semilla.
No trates de apuntarle a la tierra buena.
Siembra la semilla, siembra la semilla, siembra la semilla.
No te preocupes si “este” es, o no, el momento adecuado.
Siembra la semilla, siembra la semilla, siembra la semilla.
Deja de pensar que tienes la habilidad de predecir el futuro.
Siembra la semilla, siembra la semilla, siembra la semilla.
Tal vez mis creencias estén totalmente erradas, pero si lo están, entonces pareciera ser que Jesús y Salomón también lo estaban.
Roy H. Williams