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El Memo del Lunes

Flotando en el océano del tiempo

Flotando en el océano del tiempo

Una foto es un mensaje en una botella flotando en el océano del tiempo.
Teníamos el “día de la foto” en el colegio cuando yo crecí. ¿Eso todavía existe?
Nuestros anuarios del octavo grado se entregaron en la Escuela Media Sequoyah el verano siguiente, justo antes de empezar el noveno grado. No existía ni internet ni correo electrónico en ese entonces, sólo las cartas en nuestros buzones diciéndonos que llegáramos a la escuela y recogiéramos nuestros anuarios en un día determinado entre las horas de tal-a-tal.
Después de recoger mi anuario, llamé a Elaine, una chica de mi edad que vivía a cuatro casas de la mía. Elaine y yo revisamos nuestros anuarios juntos, página por página, hablándonos por teléfono, haciendo comentarios acerca de cada una de las fotos cuando cayó un rayo. Yo estaba viendo una foto de una chica a quien no conocía.
Aunque ella y yo habíamos ido a la misma escuela durante 2 años, nunca me la había topado ni una vez.
Le dije a Elaine: “Pennie Compton”.
Elaine respondió: “Ella estaba en mi clase de mate. Ella es muy amable y súper inteligente”.
Y luego mis oídos se sorprendieron al escuchar a mi boca decir: “Yo voy a casarme con esa chica”. Nunca había dicho algo semejante en mi vida y nunca lo hice después. Pero muy en el fondo supe que era verdad. No me preguntes cómo, pero lo supe.
Unos días más tarde, llegó mi horario de clases con una invitación para todos los padres a llegar a la Escuela Media Sequoyah el viernes por la tarde a las 7PM para conocer al maestro encargado de la clase de sus hijos y luego las clases comenzarían el siguiente lunes.
Yo no le enseñé a mi Mamá la invitación porque mi primera clase era Historia de Oklahoma, impartida por el Coach Meeks, un hombre famoso por dar lecciones a los alumnos acerca de cómo él hacía su propia carne seca al sol y cómo todo hombre joven debe tomar licuados de proteína para hacer masa muscular.
Sí, no había necesidad que mi Mamá lo conociera. Tampoco había necesidad de que yo fuer, yo ya conocía el lugar.
¡Pero espera! ¡Aquí estaba la lista de los otros 26 chicos asignados a mi clase principal y una de ellas era Pennie Compton!
Fui la primera persona en llegar el viernes por la noche. Tomé asiento al fondo del salón y me quedé viendo la puerta. Luego de unos 20 minutos via un hombre y a una mujer entrar con la chica que yo había visto en la foto. Me levanté, deslicé al frente del salón, le día la mano al hombre firmemente y con una sonrisa le dije: “Yo soy Roy Williams. Usted va a verme mucho en el futuro”.
Pennie estaba avergonzada porque ella no tenía ni idea de quién era yo, pero no pasó mucho tiempo antes que fuéramos amigos.
La Historia de Oklahoma fue memorable. Al Coach Meeks le gustaba enseñar la paleta pesada de madera rugosa que él había hecho para disciplinar a los chicos mal portados, pegándoles en el trasero. Según él, esas filas de agujeros de media pulgada taladrados en la paleta estaban allí para “reducir la resistencia del viento”, pero aquéllos de nosotros que habíamos experimentado sus palizas sabíamos que esos agujeros estaban allí para dejar círculos blancos en tu trasero rojo.
Me dieron mi primer tatuaje de trasero por reírme espontáneamente cuando no debí hacerlo. El Coach Meeks estaba hablando acerca de la gloria y maravilla del Equipo de Football de O. U., cuando decidió llevarnos por el camino recto gritando: “Si tienes éxito en el fooooooootball, vas a tener éxito en la viiiiiida”.
Pasaron tres años. Pennie tuvo novios y yo tuve novias pero yo siempre supe que me iba a casar con ella un día. Fuimos a miles de lugares juntos en las noches en las que ninguno de nosotros tenía una cita, pero nunca nos dimos la mano y yo jamás traté de besarla.
Pero nos contábamos todo.
El único secreto que nunca le conté a Pennie era que yo estaba profundamente enamorado de ella.
Me dieron una beca completa para la Universidad Estatal de Oklahoma. A ella le dieron una beca grande para una escuela privada muy exclusiva. Yo fui a clases en la O.S.U., durante un día y medio, luego llamé a Pennie y le dije: “Me voy a salir de aquí. Casémonos y descubramos juntos qué nos tiene el futuro”.
Ella dijo: “Pero ambos somos tan jóvenes y tan pobres. ¿Por qué no esperamos un par de años?”
Le dije: “En un par de años vamos a seguir siendo jóvenes y pobres”.
Ella creyó que eso era divertido y se rió. Le dije: “Estoy hablando completamente en serio. Yo creo que deberíamos casarnos. Podemos ser jóvenes y pobres juntos y ya descubriremos qué hacer con nuestras vidas”.
¿Por qué esa ida no le dio terror? ¿Por qué no me dio terror a mí? Debería haberlo hecho, ¿verdad? Ciertamente le dio terror a todas las otras personas de nuestras vidas, pero no nos dio miedo a nosotros para nada.
Algunas veces sabes que algo es lo correcto, aún cuando no hace sentido.
Le hice esa llamada a Pennie el 7 de septiembre de 1976. Nos casamos el 8 de diciembre, 112 días más tarde. Nunca, ni por un instante, nos hemos arrepentido y nunca, ni una vez, hemos visto hacia atrás.
Puedo escucharte pensar: “¿Pero regresaron y terminaron su educación, verdad?”
No, no lo hicimos. Yo leí un montón de libros y me corrí un montón de riesgos e hice alegremente todo lo que tuve que hacer para encontrar el dinero que nos mantuviera a flote y de alguna manera todo funcionó.
Hace algunos días, Jeffrey Eisenberg nos escribió un texto: “Recién terminamos Here Today en Amazon Prime. Se los recomiendo mucho”.
Obviamente la vimos.
Hay una escena a la mitad de esa película en la que un Billy Crystal viejo recibe un texto de un amigo joven, preguntándole cómo conoció a su esposa.
No tengo idea cómo termina esa película porque me pasé el resto de esa noche recordando felizmente ese momento en el que vi una foto de Pennie Compton, la chica que pronto se convertiría en mi mejor amiga, y luego mi esposa, mi compañera de negocios y la inspiración para miles de cosas buenas.
La Academia del Mago fue idea suya, pero la Capilla Dulcinea lo fue mía.
La Capilla Dulcinea es una capilla de bodas gratuita en donde más de 1,000 compromisos de por vida se hacen cada año y la Academia del Mago es un campamento de verano para adultos, un lugar en donde te puedes escapar de tu rutina y verte rodeado de personas interesantes que van a alentar y empoderar el anhelo de tu corazón hasta que brille tanto que se convierta en una luz guía, tu estrella personal que te dice que la sigas.
Y ahora te voy a contar un secreto.
Cada una de esas 1,000 parejas de casados que caminan felizmente hacia la Capilla Dulcinea, son bienvenidos por una estatua estilizada de una mujer en el Jardín de la Alegría con sus manos en alto y la cara hacia el cielo.
Ese jardín de la capilla se llama el Jardín de la Alegría porque Alegría es, literalmente, el segundo nombre de Pennie. No le he contado a nadie la razón del nombre del jardín antes, ni siquiera a Pennie.
Y por supuesto no la dejé leer este memo antes de enviarlo.
La vida puede ser divertida si se lo permites.
Permítelo.
Roy H. Williams