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El Memo del Lunes

Nadie de la Biblia hablaba inglés

Nadie de la Biblia hablaba inglés

¿Alguien a parte de mí creció leyendo la Biblia del Rey Jacobo?
Shakespeare tenía 40 años cuando el Rey Jacobo encargó una nueva traducción de la biblia en hebreo/arameo/griego al inglés y tenía 47 cuando la publicaron en 1611.
Durante esos 7 años, Shakespeare escribió una docena de obras de teatro, incluyendo Otelo, Todo está bien que termina bien, El Rey Lear, Macbeth y La tempestad. Así que si la cadencia, ritmo y frases de la Biblia del Rey Jacobo te recuerdan a Shakespeare, bueno, es porque la gente así hablaba en ese entonces.
Pero sólo si vivían en Inglaterra.
En el año 1611, aproximadamente 597,000,000 personas vivían y respiraban y caminaban en la Tierra. De éstas, tan sólo 5,600,00 hablaba inglés. Así que el buen-excelente-regalo del Rey Jacobo benefició a menos del 1 por ciento del mundo.
Aún así, a mí me gusta la Biblia del Rey Jacobo.
El libro de Génesis abrió mi mente a la ley de la dualidad y al poder de las palabras. El libro de Eclesiastés me da perspectiva: pocas cosas son tan importantes como parecen y nade es permanente. El Evangelio de Juan me llena de maravilla y me da esperanza.
La Biblia del Rey Jacobo me dice que el inglés es un animal que está en constante evolución, siempre transformándose.
Han transcurrido 410 años desde que el Rey Jacobo tradujo la Biblia del hebreo/arameo/griego, al inglés de Shakespeare y durante esos años, las palabras “espíritu” y “fantasma” han intercambiado lugares.
Ahora pensamos en el “espíritu” como el ethos o esencia de una cosa y pensamos en “fantasma” como una aparición terrorífica de más allá de la tumba. Pero en la biblia de 1611, esas definiciones están traslapadas:
En el capítulo 14 del Evangelio según San Mateo, leemos:
“Y de inmediato Jesús encomió a sus discípulos a subirse en un barco e ir antes de él a la otra orilla, mientras él dispersaba a la multitud. Y cuando Él hubo despedido a la multitud, Él subió a una montaña apartada para orar; y cuando llegó la noche, Él estaba allí solo. Pero el barco estaba ahora a la mitad del mar, balanceándose entre las olas pues el viento le era contrario. Y en la cuarta vigilia de la noche, Jesús llegó hasta ellos, caminando sobre el mar. Y cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el mar, se atribularon diciendo: ‘Es un espíritu’; y gritaron aterrorizados.”
El Espíritu Santo aparece 89 veces en la Biblia del Rey Jacobo. En el capítulo catorce del Evangelio según San Juan, leemos las palabras que Jesús dijo durante la Última Cena a los 11 discípulos que quedaban, justo después que Judas Iscariote saliera del salón para traicionarlo con los líderes religiosos quienes lo despreciaban y los romanos que lo iban a crucificar:
“Pero el Consolador, que es el Fantasma Santo, a quien el Padre va a enviar en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas y les recordará todas las cosas, lo que sea que yo les haya dicho.”
No importa qué traducción leas, la Biblia es un libro maravilloso. Te lleva a una Tierra Antigua poblada de faraones, filisteos y fariseos.
Faraones: esos soberanos imperiosos y misteriosos del místico y mágico Egipto.
Filisteos: griegos paganos cuyo héroe, un gigante llamado Goliat, fue vencido por un joven pastor llamado David quien más adelante se convirtió en Rey de Israel.
Fariseos: líderes de la fe en la que nació Jesús. Cuando él creció, Jesús criticó a los fariseos fuertemente por su tendencia a comportarse como los talibanes de hoy, enfocando toda su energía en la aplicación de la ley pero perdiéndose el espíritu de la ley de Dios por completo. ¡Cuando lees lo que les dijo Jesús! ¡Madre mía!
A diferencia de Jesús, yo nací dentro de la fe cristiana. Ahora que crecí, continúo teniendo fe en Cristo.
Pero alguna vez me preocupa que un porcentaje de los cristianos de los Estados Unidos hayan abrazado la misma actitud de infalibilidad por la cual Jesús criticó tan fuertemente a los líderes de su propia fe hace 2000 años.
Roy H. Williams