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El Memo del Lunes

¿Campo de batalla o patio de juegos?

¿Campo de batalla o patio de juegos?

Jacques Cousteau, el hombre que logró que al mundo le importara el océano,
Dijo: “Muchas personas atacan el mar. Yo le hago el amor.”
Pero él era francés.
Yo, no siendo francés, no miro el trabajo de todos los días como una opción entre atacar o hacer el amor. Yo miro el futuro presentarse cada mañana como una bifurcación en el camino. ¿Voy a escoger el campo de batalla o el patio de juegos?
¿Tú miras los negocios como una necesidad de la vida, un campo de batalla repleto de vendedores, empleados, clientes y competidores que hay que mantener a ralla? ¿O miras cada día como un patio de juegos en donde el juego principal se llama “¿Cómo podemos felices a otros?”
He tenido una vida extraña estos últimos 40 años, pasando todo el día, todos los días, hablando con empresarios acerca de sus mejores y peores experiencias en los negocios.
Lo que me he dado cuenta es que existen patrones, uno de los cuales es que la gente que mira los “negocios como un patio de juegos” son más felices y exitosas.
No se volvieron felices porque fueron exitosas. Se volvieron exitosas porque eran felices y querían hacer felices a otras personas también.
¿Estás haciendo feliz a la gente?
¿Cómo lo estás haciendo?
¿En dónde encuentras tu inspiración?
La inspiración es un tema interesante. Décadas de buscarla me han enseñado: “Toma tu inspiración de donde sea que la encuentras, no importa qué tan ridículo sea.”
Mi héroe Robert Frost también encontraba inspiración en lugares ridículos.
La forma en que un cuervo
Se sacudió sobre mí
El polvo de nieve
Desde un árbol de cicuta
Le ha dado a mi corazón
Un cambio de humor
Y salvado alguna parte
De un día que temía.
Estos son tres lugares ridículos en donde he encontrado inspiración:
Catálogo J. Peterman
Tarjetas vanidosas de Chuck Lorre
Tazas de historias de Chipotle
Catálogo de J. Peterman
Es viernes por la noche en una taberna de 200 años cerca de la Calle O’Connell en Dublín. Las oficinas centrales de la conversación. Paredes de caoba oscura. Hombres de caras afiladas. Mujeres de caras rosadas. Los estallidos de risas no son educados, pero son reales, aproximándose al límite del descontrol. Las historias que se cuentan son nuevas, apenas impresas, justo para ti. No hay un honor más grande. El rugido del salón es alto (pero aún así, no tan malo como en los restaurantes de Nueva York en donde no puedes entender lo que tú mismo acabas de decir). Estos irlandeses, en sus camisas sin cuello irlandesas y sus sombreros de tweed, han logrado mantener sus bocas cerradas toda la semana, guardando todo lo bueno para ahora, para la noche de viernes, justo este lugar, justo este momento… ¿Cómo es que una misma ciudad haya podido dar luz a Yeats, Shaw, Joyce, Wilde, Beckett… y a todos los que están esta noche aquí también? La Camisa del Obrero Irlandés, apropiada para ambas, la intoxicación de hablar y para el difícil arte de escuchar. Tampoco es mala para simplemente estar. O, cuando es absolutamente necesario, para verse interesante. Una banda de cuello simple. Plaqueta de siete botones. Cierre al cuello. Faldones de camisa redondos, sin tonterías. Puño de dos botones. Sin bolsillos. Tienes que llevar todo lo que tienes… en tu cabeza.
Tarjetas vanidosas de Chuck Lorre
# 397 CENSURADA POR MÍ (por mí mismo) He decidido ahorrarle a muchas personas mucha infelicidad y no mandar la tarjeta vanidosa a los censores de la CBS (sé cuando me he pasado de la raya con estas cosas y no necesito que un montón de abogados corporativos se vuelvan locos). De acuerdo con lo anterior, he exiliado la ofensiva tarjeta al lugar oscuro a donde van todas mis tarjetas ofensivas — al internet. Mira la censurada 397.
# 634 Rusia, si estás leyendo esto, haquea las computadoras Nielsen y haz que suban nuestros números.
Tazas de historias de Chipotle
En el 2014, Chipotle le pidió algunos de los mejores escritores de los Estados Unidos que hicieran historias para imprimir en sus tazas. Esta es la historia escrita por la autora best-seller Barbara Kingsolver:
El constructo social antiguo que alguna vez fue común en esta tierra se llamaba comunidad. Vivíamos entre nuestros aldeanos, dependiendo de ellos para lo que necesitáramos. Si teníamos un problema, no lo discutíamos por teléfono con alguien en Mumbai. Íbamos con un vecino. Obteníamos nuestra comida de granjeros. Escuchábamos música en grupos, en iglesias o frente a nuestras casas. Bailábamos. Participábamos. Aún cuando no había dinero involucrado. La comunidad como nuestro estaba nativo. Juegas más duro para la gente de casa. Te conviertes en tu mejor versión. Conoces la felicidad. Esto no es una suposición, existe evidencia. Los estudiosos que estudian el bienestar social, pueden ponerlo en tablas y gráficas. En los últimos 30 años nuestra riqueza material ha incrementado en este país, pero nuestra auto-descrita felicidad ha declinado constantemente. En otras partes, las personas que se consideran a sí mismas muy felices no están en las naciones más pobres, como puedes esperarte, y tampoco en las más ricas. Los ganadores son México, Irlanda, Puerto Rico, el tipo de lugares que identificamos con familias extendidas, aldeas ruidosas y mucho baile. Las personas más felices son las que tienen más comunidad.
Pero esta es mi parte favorita de la historia de Chipotle:
“La colección de Yale de Literatura de los Estados Unidos, colecciona literatura de los Estados Unidos en todos sus formatos y en todos los medios, documentando las formas en que grandes escritores de ese país alcanzan a audiencias diversas e inusuales más allá de la publicación de libros,” dice una declaración de la mundialmente famosa biblioteca de Yale.
Lo adivinaste. Yale adquirió toda la serie de tazas de Chipotle para la Biblioteca de la Universidad de Yale.
Evidentemente, no soy el único que encuentra inspiración en cosas ridículas.

Roy H. Williams