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El Memo del Lunes

Nosotros los okies

Nosotros los okies

Viví en Muskogee, Oklahoma 3 años antes que Merle Haggard sacara su canción, I’m Proud to be an Okie from Muskogee (Estoy orgulloso de ser un okie de Muskogee).
Aunque sólo tenía 12 años en ese momento, me di cuenta que la canción del Hermano Haggard contenía más maíz que todo el estado de Iowa.
Me río del hecho de ser un okie, pero sinceramente, estoy orgulloso de la inventiva de mi tribu. Un okie puede construir una nave espacial mientras la está volando.
Entra a un restaurante, iglesia o discoteca en Oklahoma y escoge a 9 hombres de forma aleatoria. Dentro de ese grupo vas a tener la habilidad de:
Soldar cualquier tipo de metal.
Reparar cualquier vehículo motorizado, aparato eléctrico o mecánico.
Tirar una piedra y bajar un pájaro del cielo.
Destazar una vaca, cerdo o venado.
Contar una historia que va a hacerte reír y cantar una canción que te va a hacer llorar.
Excavar los cimientos, atar la armadura, verter una fundición de cemento, y luego,
Ponerle marco a la casa, instalar la plomería y el cableado eléctrico, colgar el cielo falso y poner los gabinetes, instalar los accesorios, ponerle techo, paredes y venderla.
Y las chicas de okie son el doble de inventivas que los chicos de okie.
Los okies aprenden sus habilidades de su familia y amigos porque la educación formal lleva demasiado tiempo y enseña muy poco. Si quieres ser un doctor o un abogado, ve a la universidad. Pero si sólo quieres ganar dinero, ve a hacerlo. No te quedes allí parado lloriqueando con un dedo entre la nariz. No te preocupes como una niña que se preocupa porque Santa Claus no conoce su dirección. Y no cuentes con tener un golpe de suerte como un niño consentido. Los okies que esperan durante años van a la quiebra.
La falta de respeto de los okies por los títulos universitarios ha tenido consecuencias no intencionadas. Recientemente recibí un correo electrónico de un amigo de la escuela que decía: “Todos estos inmunólogos están diciendo una cosa, pero algunos de los tipos con los que fui a la escuela están diciendo lo opuesto, así que ya no sé a quién creerle…”.
Cuando Pennie y yo compramos nuestra primera casa en el pueblo pequeño de Broken Arrow, se le habían agregado tres cuartos adicionales a la estructura original para hacerla de un total de 800 pies cuadrados. La construyeron en “Territorio Indio” en 1884, tan sólo 108 años luego que las colonias informaron al Rey Jorge que ya no iban a necesitar de sus servicios.
En 1744, cuando Thomas Jefferson todavía estaba en pañales, toda América del Norte fuera de las 13 colonias era “Territorio Indio”. Así que cuando una delegación de Virginia ofreció proveer de educación universitaria a una docena de chicos nativos, el Jefe Canassatego respondió: “Sabemos que ustedes tienen en alta estima el conocimiento que se imparte en estas universidades. Y el mantenimiento de nuestros jóvenes, mientras estén con ustedes, sería muy caro para ustedes. Estamos convencidos, por lo tanto, que ustedes quieren hacernos un bien con su propuesta y les damos las gracias sinceramente. Pero ustedes que son sabios deben saber que las distintas naciones tienen distintos conceptos de las cosas. Y no van, por lo tanto, a tomarse a mal si nuestras ideas acerca de este tipo de educación no coinciden con las suyas”.
“Hemos tenido algo de experiencia con la misma. Varios de nuestros jóvenes recibieron educación en las universidades de las provincias del norte. Los instruyeron en todas sus ciencias. Pero cuando regresaron con nosotros, eran malos corredores, ignorantes de cualquier medio de vivir en el bosque, incapaces de aguantar el frío o el hambre, no sabían cómo construir una cabaña, cazar un venado o matar un enemigo, hablaban nuestro idioma de forma imperfecta y por lo tanto no eran ni cazadores ni guerreros ni consejeros. Eran totalmente buenos para nada.”
“Estamos, sin embargo, agradecidos de su amable oferta, aunque declinemos aceptarla. Para mostrarles nuestro sentido de agradecimiento, si los caballeros de Virginia nos mandan una docena de sus hijos, tomaríamos todo el cuidado de darles una buena educación, instruirlos en todo lo que sabemos y convertirlos en hombres.”
Algunas personas tienen inteligencia de calle y otras personas de libros. Lo que hay que recordar es que una no niega a la otra.
Roy H. Williams