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El Memo del Lunes

Cualquier cosa que valga la pena hacerse…

Cualquier cosa que valga la pena hacerse…

Lo has escuchado toda tu vida: “Cualquier cosa que valga la pena hacerse, vale la pena hacerla bien”.
Esto parece ser una buena exhortación, en la superficie. Pero no nos detengamos en la superficie. Miremos hasta adentro.
Esas doce palabras: “Cualquier cosa que valga la pena hacerse, vale la pena hacerla bien”, supone que uno tiene la habilidad de hacer la cosa bien. ¿Pero qué pasa si no tienes esa habilidad? ¿Está bien hacerlo mal al principio?
Reuní unos ensayos y fotos en 1997, luego le pagué a una imprenta para que imprimiera 7,500 copias de un pequeño libro casero. El título no fue afortunado, la carátula era ridícula y mi diagramación falló anticiparse al empastado, así que el texto estaba demasiado metido hacia la espina. Tenías que abrir las páginas y ver hacia la rajadura para leerlo.
¿Está bien que haya hecho un mal trabajo en ese primer libro?
¿Está bien que continúe amando ese extraño cachorro aunque no haya vendido ni una copia?
Mi segundo libro se convirtió en el libro de negocios número 1 en los Estados Unidos, de acuerdo al Wall Street Journal y mi tercer libro fue un bestseller del New York Times, luego mi esposa y yo pasamos los siguientes 20 años construyendo una escuela para empresarios desadaptados e independientes, esos innovadores e improvisadores, renegados y rebeldes, quienes sospechan de la sabiduría tradicional.
Nunca he portado las esposas del Perfeccionismo y el Conformismo y no te recomiendo que lo hagas. Usarlas demasiado apretadas causa parálisis por análisis: ese miedo paralizante al fracaso.
Cuando una persona que se enfrenta a un desafío grande comienza a compartir sus ansiedades de desempeño conmigo, siempre los agarro de los hombros, los miro profundo a los ojos y les digo con todo el amor que puedo juntar: “Sólo cállate y hazlo”.
Cualquier cosa que valga la pena hacerse, vale la pena hacerse mal.
Si no estás dispuesto a jugar mal al golf al principio, nunca vas a ser un buen golfista.
Si no estás dispuesto a escribir mal al principio, nunca vas a ser un buen escritor.
Si no estás dispuesto a cocinar mal al principio, nunca vas a ser un buen chef.
Una de las cosas que hago todos los días es vestirme. Pero nadie nunca me ha acusado de hacerlo bien. Ponerse la ropa definitivamente vale la pena hacerse. Simplemente no creo que valga la pena hacerlo bien. Verse arrugado y fracasado es mi condición natural, porque he visto el tiempo y esfuerzo que requiere verse planchado y nítido y, sinceramente, no siento que valga la pena. Por lo menos no para mí.
Julie DeMille se estaba estresando por encontrar dos calcetas que hicieran juego cuando lo absurdo del momento le abofeteó en la cara. Así que decidió adoptar un lema para las calcetas: “Si no puedes encontrar la pareja, encuentra a un amigo”.
Creo que Julie DeMille puede ser mi clase de loca.
¿Tú eres mi clase de loco? Si es así, permíteme, como tu hermano mayor, ofrecerte algo de aliento y consejo:
Las buenas decisiones vienen de la experiencia.
La experiencia viene de las malas decisiones.
Te vas a sentir culpable de vez en cuando y eso puede ser bueno.
Los sentimientos de culpa van a hacer que hagas los cambios que necesitas hacer.
Pero ruego que nunca te sientas avergonzado.
La culpa se trata de lo que hiciste.
La vergüenza se trata de lo que eres.
Los perfeccionistas van a venir a tu vida y te van a decir que tienes “verdadero potencial” y que podrías ser igual que ellos — planchados y listos, nítidos y con buena postura — si sólo te empujaras un poco más. Te van a decir que te arrepientas de tu herejía de ser feliz y estar contento y te dirán: “Si no duele, no ganas”, como si estuvieran citando las sagradas escrituras.
Ya lo busqué: no está en la Biblia.
Esta misma gente te va a decir que nunca deberías estar satisfecho.
Van a levantar la barbilla y te van a decir con orgullo: “Lo suficientemente bueno, nunca lo es”.
Esto tampoco está en la Biblia. Pero si lees las partes musicales, mágicas de la Biblia — te sugiero el Evangelio según San Juan — vas a verte al espejo, sonreír y decir: “¡Suficientemente bueno! Dios me quiere así como soy”.
¿Puedo, como tu hermano mayor, ofrecerte tres sugerencias?
A donde sea que vayas, acepta a la gente como es y trata de pasártelo bien.
Sea lo que sea que hagas, ¡hazlo de todo corazón y con gusto! Y deja que el resultado sea lo que es.
Para hablar con Dios, aceptarte a ti mismo y estar contento es la riqueza más grande posible.
Y eso, por cierto, sí está en la Biblia.
Roy H. Williams