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El Memo del Lunes

Los perros chatarreros

Los perros chatarreros

Los perros chatarreros de la comunidad de negocios son esos desadaptados y solitarios, renegados y rebeldes, innovadores e improvisadores que saben que la sabiduría tradicional es más tradición que sabiduría.
Lee Iacocca era un perro chatarrero.
El hijo de un inmigrante vendedor de hot-dogs, Iacocca fue el visionario que nos dio el Ford Mustang. Luego lo despidió Henry Ford II, un perro de competencia, porque Henry II dijo que él no quería que Iacocca se convirtiera en su Director Ejecutivo. Consciente que el momento de su propio retiro se estaba aproximando, Henry II dejó muy claro que quería dejarle la compañía a su hijo Edsel II, quien entonces sólo tenía 28 años.
Luego de ser despedido, Iacocca se fue feliz a trabajar para Chrysler en donde rescató a esa compañía de la extinción al inventar la minivan. Más adelante, cuando le dijo al jefe de ingeniería de Chrysler que necesitaba un prototipo del convertible LeBaron para usarlo en un anuncio de TV, el ingeniero-perro-de-concurso le dijo cuántos meses le iba a tomar diseñar uno. Un verdadero perro chatarrero, Iacocca se sonrió y le dijo: “Sólo agarra un LeBaron y córtale el techo. Lo necesito para mañana”.
Enfocados en el resultado más que en el proceso, los perros chatarreros siempre son desastrosos.
Los perros chatarreros se preocupan por los logros.
Los perros de concurso se preocupan por las apariencias.
Cuando el tiempo está calmado y el agua tranquila, el perro de concurso es dueño del horizonte. Pero cuando se te viene la tormenta encima y hay gente a punto de morir, quieres que ese perro chatarrero esté dirigiendo el barco.
En 1962, Miguel de 16 años escapó de Cuba con la chaqueta que su mamá había hecho a mano de trapos de limpieza. Llegó solo a los Estados Unidos. “Hamburger” era su única palabra en inglés. Cinco años más tarde, Miguel se casó con una madre adolescente y adoptó a su hijo de tres años, el pequeño Jeffrey Jorgensen. Miguel le dio a Jeffrey la habilidad y la confianza para sobrevivir y prosperar. También le dio a Jeffrey su apellido orgullosamente cubano: Bezos. Cuando Jeffrey Chatarrero tenía 30 años, pidió prestado dinero de familia y amigos para empezar un negocio en el garage de su casa alquilada. Le puso a ese negocio el nombre del río más grande de Suramérica. Tal vez lo hayas escuchado.
Cuando era niño, uno de los héroes de Bezos era Walt Disney, el cuarto de cinco niños de una familia tan pobre que dos de sus hermanos mayores, hartos de la constante pobreza y trabajo, se escaparon cuando Walt tenía tan solo 4 años. Cuando Walt tenía 16, trató de enlistarse en la Armada para poder ir a pelear en la Primera Guerra Mundial pero lo rechazaron por su edad. Luego trato sin éxito de unirse a las Fuerzas Armadas Canadienses. Finalmente lo aceptaron como piloto de ambulancias de la Cruz Roja.
Walt no tenía un cv impresionante. Los perros chatarreros raramente lo tienen.
Cuando terminó la guerra, la primera compañía de Disney, Laugh-O-Gram quebró en Kansas City, así que se mudó a Hollywood en donde su primera serie animada, Oswald el Conejo de la Suerte fue un gran éxito. Disney perdió los derechos de ese personaje cuando su distribuidor lo estafó. Así que Walt, siempre el perro chatarrero, empezó a trabajar en otro personaje animado, un ratón. Tal vez hayas escuchado de él también.
Disney Studios hizo La Dama y el Vagabundo, una película acerca de una perra de concurso princesa que se enamora de un perro chatarrero. Y luego hicieron los Aristogatos, una película acerca de un gato de callejón llamado O’Malley que rescata a una gata de casa llamada Duquesa que luego se enamora de él. Y cuando vimos Los Rescatistas unos años después, todos nos enamoramos de la niñita chatarrera llamada Penny cuando se enfrentó a los lagartos de Madame Medusa.
Ahora que lo pienso, ¿alguna vez ha habido una película exitosa de Disney que no nos haya dado un perro chatarrero desadaptado a quien apoyar?
Para que quede grabado (y literalmente quiero decir “grabado”) ningún individuo ha recibido tantos Premios de la Academia como Walt Disney. De hecho, ninguna otra persona ha sido nominada a tantos.
Comencé a considerar el memo de hoy cuando puse una película en pausa, Enemigos Públicos, para transcribir un poco de diálogo entre J. Edgar Hoover, aquel pequeño perro de concurso director del FBI y Melvin Purvis, su agente chico dorado quien tenía el encargo de entregar al criminal asaltabancos John Dillinger, a la justicia, vivo o muerto.
Hoover: “John Dillinger asaltó un banco y se llevó US$74,000 mientras tú no pudiste arrestar a (Babyface) Nelson.”
Melvin Purvis: “Señor, acepto toda la responsabilidad. Ahora quisiera hacer una petición de transferir hombres con calificaciones especiales para aumentar el personal aquí en Chicago. Hay algunos antiguos hombres de la ley de Texas y Oklahoma que ahora están en la oficina de Dallas.”
Hoover: “Creí que entendías lo que estoy construyendo: una fuerza moderna de jóvenes profesionales de la mejor clase.”
Melvin Purvis: “Me temo que nuestro tipo de persona no pueda hacer el trabajo.”
Hoover: “Perdona, no puedo escucharte.”
Melvin Purvis: “Nuestro tipo de persona no puede hacer el trabajo.”
Hoover: “No te escucho.”
Melvin Purvis: “Nuestro tipo de persona no puede hacer el trabajo. Sin ayuda calificada, voy a tener que renunciar a este encargo. De otra forma, estoy llevando a mis hombres al matadero.”
Furioso, Hoover manda a Charles Winstead (Stephen Lang), un agente chatarrero del FBI a ayudar a Purvis a localizar y asesinar a Dillinger. Protagonizada por Johnny Depp como Dillinger y Christian Bale como Purvis, Enemigos Públicos es una mirada interesante a los Estados Unidos de entonces cuando estaba llegando al zenit del ciclo “Nosotros” previo.
El zenith de ese “Nosotros” fue en 1943. Si quieres saber qué sucedió inmediatamente después de ese zenith, mira Trumbo (2015) con Brian Cranston.
El actual “Nosotros” va a llegar a su zenith en el 2023.
Agárrate que el viaje va a ser una locura.
Roy H. Williams