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El Memo del Lunes

Voces de gatos, perros, gente y libros

Los jaguares y los leopardos están clasificados como “gatos grandes” (Pantherinae) porque tienen un aparato hioides en forma de u en sus gargantas que les da la habilidad de rugir. Las chitas y los pumas son igual de grandes que los jaguares y leopardos, pero están clasificados como “gatos pequeños” (Felinae) porque sus huesos hioides osificados les prohiben rugir.
Entre los gatos, es tu voz la que determina tu tamaño.
Pero los perros no son como los gatos. Según Indy Beagle, el tamaño de un perro determina la profundidad de su voz. Nunca ves un “pequeño perro escandaloso” (Escandalaese Petitae) con una voz profunda y nunca miras un “perro de trabajo” (Guau Grande) con una voz chillona.
Entre los perros, es tu tamaño lo que determina tu voz.
Pero cuando se trata de gente, todo eso se va por la ventana. Gente grande puede tener voces pequeñas y gente pequeña puede tener voces grandes.
Entre la gente, es tu voz la que determina tu voz.
En resumen:
Entre los gatos, es tu voz la que determina tu tamaño.
Entre los perros, es tu tamaño el que determina tu voz.
Entre la gente, es tu voz la que determina tu voz.
¿Pero qué hay de los libros? ¿Qué determina la voz de un libro?
En la escritura de no-ficción, “la voz del libro” es esencialmente el estilo del narrador. Es la forma en la que al autor le gusta frasear las cosas. Es la sintaxis, dicción, puntuación y vocabularios, así como la forma en la que se revela el conocimiento al lector. La propia voz del autor va a informar la voz del libro, indicando el ángulo de vista, el sesgo filosófico, el orgullo de educación, la religiosidad, la ruralidad, la intimidad, la maestría, la academia, la burocracia, la condescendencia, la inseguridad, la simpleza de mente, la amargura, la enfermedad mental, y el humor o su carencia.
Símiles, metáforas y ejemplos son los mecanismos literarios que nos dan la percepción más grande acerca de un autor, enseñándonos cómo mira el mundo.
La voz de un libro de ficción es un conjunto de voces de todos sus personajes, evidenciadas a través de sus palabras, acciones y patrones de pensamiento.
Diferente a la no-ficción, la voz de un narrador en ficción muchas veces es sólo otro personaje creado, dándonos poca, si es que algo, de penetración en la mente del autor.
Regresemos a las voces de la gente por un momento.
Los psiquiatras nos dicen que hay cuatro clases de personas que viven en mundos ficticios, internos.
Los narcisistas se dicen a sí mismos y a otros que todos los aman aunque no sea así. Ellos quieren creerlo así que eso dicen.
Los mentirosos patológicos se creen sus propias mentiras y van a recrear sus realidades internas para acomodar esas mentiras.
Los sociópatas y psicópatas nunca exhiben remordimiento después de haber mentido o dañado a otros porque son extremadamente egocéntricos y carecen de empatía. La diferencia entre ambos es que los sociópatas se hacen, pero los psicópatas nacen así.
La semana pasada te escribí acerca de los intensos desacuerdos que pueden ocurrir cuando dos verdades opuestas entran en conflicto.
Pero no todo conflicto es acerca de la verdad.
“Solía ser que tu carácter y tus creencias eran lo que hacía que la gente te admirara. Pero ahora depende si tienes un Rolex, una casa grande y un Jag en el garage.”
Un ejecutivo sonriente de una agencia de publicidad prominente aseguró eso a ocho de nosotros en un salón de conferencias en el oeste de Tulsa en 1982. Nunca olvidé ese momento, esa aseveración, o su cara, porque me sacudió que lo dijera como celebración en vez de con pena.
La generación “Yo” alcanzaría su zenit al año siguiente. Rara vez te escribo cuando aún estoy en el proceso de destilar mis pensamientos, pero por alguna razón decidí esta semana que te compartiría todas las cosas pequeñas que andan rebotando en mi mente como calcetines en una secadora y que voy a dejarte a ti ordenar esos calcetines en pares por ti mismo.
[Si has estado leyendo con detenimiento, justo ahora estás recordando lo que dije antes acerca de cómo “Símiles, metáforas y ejemplos son los mecanismos literarios que nos dan la percepción más grande acerca de un autor, enseñándonos cómo mira el mundo”. Pero para ser sincero, no estoy totalmente seguro de qué pueda indicar acerca de mí este símil de los calcetines en una secadora.]
John Steinbeck nació un año antes del zenit de la generación “Yo” anterior, así que la vio declinar lentamente de ese zenit mientras crecía. Al final de su vida, John le escribió a un amigo cercano: “¿Recuerdas dos tipos de Navidades? Está un tipo en una casa en donde ha poco y un regalo representa no sólo amor sino también sacrificio. Ese único paquete se abre con una especie de maravilla lenta, casi reverencia. Una vez le di a mi hijo menor, quien ama todas las cosas vivientes, una periquita enana, con cara color melocotón para Navidad. Le quitó el papel y luego se retiró un poco tímido y se le quedó viendo al pájaro durante mucho tiempo. Y finalmente dijo en un susurro: ‘¿Quién se iba a imaginar que yo iba a tener una periquita con cara color melocotón?’”
“Luego está el otro tipo de Navidad con regalos en una montaña, los regalos de padres con culpa como sobornos porque no tienen nada más qué dar. Los envoltorios se arrancan y los regalos se tiran y al final el niño dice — ¿Eso es todo? Bueno, me parece que los Estados Unidos ahora es como ese segundo tipo de Navidad. Tienen demasiadas COSAS y gastan sus horas y dinero en un sofá buscando su alma. Somos una especie extraña. Podemos soportar todo lo que Dios y la Naturaleza nos tiren, menos la abundancia. Si quisiera destruir una nación, le daría demasiado y la tendría de rodillas, miserable, avara y enferma.”
Y ahora ya viste los calcetines que dan vueltas en mi mente.
Roy H. Williams