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Una comezón y una imagen

lunes, 15 de enero de 2018

Una comezón y una imagen

La Academia del Mago comenzó con una comezón y una imagen.

Me dio la comezón en Tulsa en 1978 cuando tenía 20 años.

Vi la imagen en línea en 1994 cuando tenía 36.

La comezón era la necesidad de ayudar a negocios pequeños a tener éxito.

La imagen era de un niño sentado debajo de las estrellas con un libro abierto sobre las piernas. Las almenas y refuerzos de las murallas al fondo sugieren que estaba sentado sobre la torre de un castillo.

Al ver ese dibujo en la pantalla de la computadora, supe que iba a construir esa torre.

Sé que esto hace que yo parezca loco, pero han habido unos cuantos momentos en mi vida en los que supe de forma callada pero súbita lo que iba a suceder. No estoy hablando de premoniciones o visiones o sueños o esperanzas o deseos. No estoy hablando de metas o planificaciones. Estoy hablando de saber algo de forma tan cierta como si ya hubiera sucedido.

¿Ya te mencioné que eso me hace parecer loco?

Yo tenía 13 años cuando vi una fotografía de Pennie Compton y supe que me iba a casar con ella. No nos habíamos conocido jamás. Unos cuantos meses después, había estado pasando las páginas del atlas del mundo de Reader´s Digest, cuando me fijé en una ciudad — Austin — en el centro de Tejas. Recuerdo haber arqueado una ceja cuando, de forma súbita, supe que algún día me mudaría allí. La secuencia de eventos que haría que esas cosas sucedieran permanecen como un misterio absoluto para mí. Pero el resultado nunca estuvo en duda.

Así que supe que iba a construir esa torre. Pero no tenía idea por qué.

Mi comezón de 1978 de ayudar a pequeños negocios a crecer me llevó a obtener una serie de éxitos extraordinarios. Para el año 1992 estaba viajando 40 semanas al año, enseñándoles a grupos cada vez más grandes de dueños de negocios cómo elevarse a niveles más altos de éxito.

Lo detestaba.

Dorothy tenía razón: “No hay otro lugar igual al hogar”. He sufrido de ansiedad de separación durante toda mi vida. Viajar, para mí es “la pequeña muerte”.

“Cariño”, dijo Pennie en 1993, “deja que la gente que quiere tu ayuda venga a Austin. Programa una clase mensual en nuestra sala de sesiones y si alguien quiere venir, puede venir.”

Cuando sobrepasamos la capacidad de esa sala de sesiones comenzamos a alquilar los salones de baile de hoteles de lujo. Para cuando habíamos pagado esos salones y alquilado el equipo de proyección y comprado café a US$60 la jarra y dado de comer a todos nuestros invitados, estábamos gastando alrededor de US$20,000 por evento para dar esas clases.

¿Mencioné que no estábamos cobrándole a nadie para asistir a las clases y que ya no teníamos capacidad para atender a clientes adicionales?

Así que construimos un centro de operaciones nuevo para nuestro negocio de mercadeo con un salón grande y abierto en el segundo piso que podíamos usar como salón de clases. Eso funcionó durante más o menos 2 años.

Luego construimos un edificio en el que estaba el salón de clases al lado del edificio principal de las oficinas. Eso nos ganó otros 4 años extra.

Luego, en el 2004, Pennie dijo: “Cariño, encontré un terreno que deberíamos comprar.”

“¿Por qué queremos comprar un terreno?”

“Vamos a construir algo para nosotros en la mitad y luego vamos a donar la otra mitad a la Academia del Mago y dejar que la escuela se convierta en lo que sea que quiera convertirse.”

Cuando ella me enseñó el terreno, me sonreí. Allí en la cima de esa planicie majestuosa, estaba la torre que había visto 10 años antes. No estaba allí físicamente, por supuesto, pero yo sabía que algún día lo estaría.

Si tienes una imagen loca en tu mente de un posible futuro, una estrella inexplicable que te guía y te alienta en los momentos oscuros y te alumbra un paso a la vez, nunca olvides que tienes una tribu y que han construido un lugar fascinante para que vengas cuando necesites guía o instrucción o compañerismo o aliento.

¿Tienes una idea? ¿Una comezón? ¿Un hambre?

¿Ves algo que nadie más puede ver?

¿Estás dispuesto a dejar un rastro de sudor y lágrimas y dinero detrás tuyo mientras luchas por hacerlo realidad?

Bienvenido a la Academia del Mago.

Tú, amigo mío, eres exactamente nuestra clase de loco.

Deja que comience la aventura.

Roy H. Williams

Tengo fotos de todas esas cosas de las que habló el mago hoy y te están esperando en la madriguera del conejo. Va a haber un montón de otras cosas también, por supuesto. O sea, no sería la madriguera del conejo sin noticias tribales e investigaciones aleatorias hacia trivialidades que no le interesan a la gente normal. ¿Almenas y refuerzos? No temas. Ya me puse a investigar. — Indy Beagle

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