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El Memo del Lunes

El error que cometes después de tener éxito

El error que cometes después de tener éxito

Todas las personas exitosas tienen un punto ciego.

Esto es lo que sucede frecuentemente:

  1. Tienes un enfoque único, un proceso particular o un énfasis especial.
  2. Te separa de tu competencia.
  3. Tu compromiso con eso te hace exitoso.

Hasta allí, todo bien. ¡Encontraste una forma de ser diferente y te convirtió en un éxito!

Pero ahora tu subida exponencial ha comenzado a achatarse y a nivelarse.

Obviamente llegaste a un punto de estancamiento.

¿Cómo pasas al siguiente nivel?

La mayoría de las personas redoblan lo que les llevó el éxito.

Y aquí es cuando sucede: Estallido del Punto Ciego.

Lo que te llevó al éxito rara vez te va a llevar al siguiente nivel.

No estoy sugiriendo que lo abandones. Eso sería estúpido. Tienes que mantener lo que comenzaste.

Pero eso es fácil. Te gusta hacerlo. Te sale natural. Por eso es que te sientes bien presionando el acelerador hasta el fondo.

Pero tu negocio no dejó de acelerar porque tú no hayas podido presionar el pedal del combustible suficientemente duro.

Tu negocio dejó de acelerar porque es momento de cambiar la velocidad a segunda.

Tu primera innovación se disparó como un cohete para comenzar la carrera. Te quedaste aplastado contra el asiento por la fuerza de la aceleración. El público se volvió loco.

Y luego las cosas comenzaron a nivelarse.

¡Mete segunda, idiota! ¡Segunda!

Pero muy pocas personas encuentran la segunda.

Ellas creen en la primera. La primera les funciona. La primera es en donde se sienten cómodos. La segunda parece contraintuitiva. No están seguras que la segunda sea lo correcto para ellas.

Ellos quieren que alguien les ayude a sacarle más velocidad a la primera.

Tu negocio no tiene una transmisión automática.

Tienes que presionar el clutch y mover la palanca.

Sólo entonces puedes presionar otra vez el pedal.

Y algún día, si tienes suerte,

Vas a poder hacerlo

Otra vez

A un nivel

Mucho más alto.

¿Tienes suerte?

Roy H. Williams