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El Memo del Lunes

Pasar tiempo con amigos

Pasar tiempo con amigos

Inglaterra, 1890 — A penas 1.50 de alto de puntillas, Jimmy de 30 años era amigo por correspondencia de Robert Louis Stevenson de 40 años, el famoso autor de La isla del tesoro, durante los últimos años de la vida de Stevenson cuando vivía en la isla de Samoa. Ellos dos nunca se conocieron, pero si lo hubieran hecho, seguro que hubieran jugado al criquet en el pequeño pueblito de Stanway en Gloucestershire.
En septiembre, 1921, uno de los hombres más famosos del mundo, Charlie Chaplin de 33 años, viajó a Londres deseando conocer a Jimmy, ya de 63 años. De acuerdo a la historiadora Lisa Chaney: “Cuando llegó, el Londres central casi se detuvo, mientras el tráfico era bloqueado todo el camino desde la estación de Waterloo hasta el Ritz en Picadilly, en donde se estaba hospedando. A donde quiera que fuera Chaplin, lo acosaban multitudes adoradoras.”
Chaplin alcanzó su meta de conocer a Jimmy, contactando a Ed Lucas, uno del grupo de amigos con quienes jugaba criquet Jimmy. Al final de su velada juntos en el Garrick Club en Londres, Jimmy le escribió a su amiga, Cynthia Asquith, acerca de su cena con el gran Charlie Chaplin.
“Tiene una voz bastante encantadora y un cerebro que la acompaña. Una criatura muy fuerte y agradable. Los policías que han puesto para cuidarlo todos sacan sus libros de autógrafos para que él los firme.”
Cuando Jimmy visitó Stanway para jugar criquet, él era invitado de Herbert y Cynthia Asquith. (Herbert era el hijo del Primer Ministro Británico y Cynthia más tarde se convertiría en una famosa autora de historias de fantasmas.) Para corresponder su amabilidad hacia él y sus amigos del criquet en el transcurso de los años, Jimmy construyó un pabellón en el campo de criquet de Stanway en donde ha estado en uso durante casi 100 años.
¿Quiénes, exactamente, eran los amigos del criquet de Jimmy?
Se llamaban a sí mismos los Allah Akbar-ies bajo la creencia falsa de que “Allah akbar” quería decir “Que el cielo nos ayude” en árabe.
Este era un error extraño de cometer, considerando que estos hombres eran conocidos por sus palabras.
Los Allah Akbar-ies incluían:
Rudyard Kipling, El libro de la selva
Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes
P. G. Wodehouse, Jeeves y Wooster
Jerome K. Jerome, Tres hombres en un bote
A. A. Milne, Winnie the Pooh
G.K. Chesterton – Padre Brown
Y luego, por supuesto estaba E. V. (Ed) Lucas, el autor de más de 150 libros, incluyendo uno de los favoritos de Indiana Beagle, Si los perros pudieran escribir: Una segunda miscelánea canina (1929).
El grupo también incluía a 10 escritores más de un poco menos fama. Espectadores en estos partidos de criquet incluían al vecino y amigo de toda la vida de Jimmy, George Bernard Shaw, junto con el anciano Thomas Hardy, (Lejos de la gente de Madding y Tess de los d´Urbervilles.)
¿Y el Jimmy de metro y medio? Él por supuesto era J. M. Barrie, autor de Peter Pan.
Y ahora sabes por qué el editor de Nueva York, Charles Scribner, viajó a Inglaterra para sentarse en una banca a ver un partido de criquet en la diminuta aldea de Stanway.
Scribner nunca olvidó ese día.
¿No sería divertido hacer una película acerca de esto? ¿Te puedes imaginar sus conversaciones?
Te complacerá saber que la tradición del pueblo de Stanway sigue viva en la Academia del Mago.
La hemos vuelto norteamericana, por supuesto, pero creo que Jimmy la aprobaría.
Los niños perdidos es un grupo de emprendedores que se reúnen una vez al año a jugar bocce ball en la Academia del Mago. Es una sociedad secreta. Sus nombres nunca son publicados ni se toman fotos de grupo.
La Casa de los Niños Perdidos será la tercera y última mansión de estudiantes en el campus de la Academia del Mago. Sus seis cuartos de huéspedes van a incrementar nuestra capacidad a 24 alumnos. Y cuando finalmente construyamos la Casa de Bilbo Baggins en la colina debajo del Pabellón Spence Diamond, tendremos lugar para 25.
La Academia del Mago es un lugar especial en donde la gente ocupada viene a cargar sus baterías.
A veces se siente como la Tierra del Nunca Jamás.
Gracias por ser parte de ella.
Roy H. Williams