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El Memo del Lunes

Ya vimos suficiente tele. Es momento de leer algunos libros.

Ya vimos suficiente tele. Es momento de leer algunos libros.

NOTA DE INDY BEAGLE: Luego de haber grabado el Memo de hoy, el Mago grabó un video llamado Publicidad en tiempos de crisis. Deberías verlo. Y aquí está el memo de hoy…
Uno de mis héroes, John Steinbeck, siguió dos veces las huellas de otro de mis héroes, Robert Louis Stevenson.
Viajes con un asno en los Cevennes, es un diario de viajes escrito por RLS en 1878.
El Mar de Cortez es el diario de viajes de Steinbeck acerca de una travesía por océano realizada con su amigo Ed Ricketts, acerca de quien está basado el personaje de “Doc” en Cannery Row. El otro diario de viajes de Steinbeck es Viajes con Charley, el diario de su viaje final a través de los Estados Unidos en 1962, cuando él sabía que se estaba muriendo.
Los diarios de viajes son libros sin trama, libros cuyo único propósito es celebrar el arte de la buena escritura.
Estos son algunos de mis pasajes favoritos de cada uno de esos 3 libros.
“Un viento leve, más parecido a un movimiento fresco que a una corriente de aire, se deslizaba por el prado de vez en cuando; así que hasta en mi gran salón, el aire era renovado toda la noche.. no he vuelto a disfrutar frecuentemente de una posesión más serena de mí mismo, ni me he sentido más independiente de ayudas materiales. El mundo externo, del que nos resguardamos en nuestras casas, aparecía después de todo como un lugar gentil y habitable; y noche tras noche, la propia cama, parecía, lo esperaba a uno en los campos, en donde Dios mantiene abierto su hogar.”
– Viajes con un asno en los Cevennes, p. 90-91
“Diez minutos más tarde, la luz del sol se esparció a galope por la colina, despenicando las sombras y destellando y el día se apareció por completo. Me apresuré a preparar mi paquete y a enfrentarme al escarpado ascenso que me esperaba; pero tenía algo en la mente. Sólo era una tontera; pero una tontera a veces es inoportuna. Había sido hospitalariamente recibido y puntualmente servido en mi caravasar verde. El cuarto estaba aireado, el agua excelente y la aurora me había llamado a pasar el rato. No digo nada de los tapetes ni del techo inimitable, tampoco de la vista que tenía desde las ventanas; pero sentí que le debía algo a alguien por todo este generoso entretenimiento. Así que me dio satisfacción, medio en broma, dejar piezas de dinero en el campo mientras caminaba, hasta que dejé las suficientes para cubrir mi estadía nocturna. Confío que no hayan caído en las manos de un granjero rico y malencarado.”
— Viajes con un asno en los Cevennes, p. 94
“Una luz clara y quieta comenzó a caer y los árboles en la colina se enmarcaron agudamente contra el cielo… y viendo hacia arriba, me sorprendió ver la nube teñida de oro. En estas altas regiones del aire, el sol ya estaba brillando cual si fuera el mediodía. Si tan solo las nubes viajaran lo suficientemente alto, veríamos lo mismo toda la noche. Porque siempre es de día en los campos del espacio… Unos cuantos pasos más allá y vi una colina entera dorada por el sol; y un poco más allá todavía, entre dos picos, un centro de un brillo deslumbrante apareció flotando en el cielo y yo estuve una vez más cara a cara con la gran fogata que ocupa el centro de nuestro sistema.”
— Viajes con un asno en los Cevennes, p. 132
Inspirado en Stevenson, Steinbeck agarró la pluma 62 años más tarde.
“Una cosa que nos impresionó profundamente en esta pequeña travesía: el gran mundo se esfumó rápidamente. Perdimos el miedo y la ferocidad y el contagio de la guerra y la incertidumbre económica. Las cosas de gran importancia que dejamos atrás no eran importantes.”
El Mar de Cortez, p. 210
“Afuera en la bahía, los pelícanos pescaban, volando plano y luego doblando las alas y cayendo en sus clavados que parecen torpes, los cuales sin duda deben ser efectivos, de lo contrario ya no habría más pelícanos.”
— El Mar de Cortez, p. 193
“El uso del eufemismo en la publicidad nacional le está dando a las resacas un mal nombre. ‘Sobre-indulgencia’ le llaman. Hay una malicia curiosa acerca de la sobre-indulgencia. No consideramos sobre-indulgir. El nombre es desagradable y la palabra ‘sobre’ indica que uno no debió haberlo hecho. Nuestra celebración no tenía esa implicación. No bebimos demasiado. Bebimos lo suficiente y nos rehusamos a profanar nuestra pequeña celebración de mediana embriaguez con esa frase borrosa de ‘sobre-indulgencia’. Han existido muy pocos inmortales a quienes no les gustara el vino; de hecho no podemos pensar en ninguno al primer intento y no pretendemos intentar con demasiadas fuerzas.”
— El Mar de Cortez, p. 198
“El Viajero Occidental se inclinó hacia las grandes olas en rumbo a la Isla de Cedros, el viento les voló las tapas a las montañas y el gran tipo, de proa a popa, vibró como un tremendo órgano. Cantó su nota grave al viento.”
— El final de su diario de viajes, El Mar de Cortez, p. 271
Twenty-two years after, Steinbeck wrote his final travelogue.
Veintidós años más tarde, Steinbeck escribió su último diario de viajes.
“Mientras estaba sentado junto a mí, su cabeza era casi tan alta como la mía. Puso su nariz junto a mi oreja y dijo ‘Ftt’. Él es el único perro que haya conocido que pudiera pronunciar la consonante ‘F’.”
-Viajes con Charley
“Mi pueblo había crecido y cambiado y mi amigo con él. Ahora que regresaba, tan cambiado para mis amigos como mi pueblo lo estaba para mí, distorsioné su imagen, borroné su recuerdo. Cuando me fui yo morí y por eso me volví fijo e inmutable. Mi retorno sólo causó confusión e inquietud. Aunque no lo podían decir, mis viejos amigos querían que me fuera para que pudiera tomar mi lugar en el patrón de los recuerdos — y yo me quería ir por la misma razón.”
— Viajes con Charley
“Llovía sin cesar y los bosques lloraban. La oscuridad cayó y los árboles se acercaron.”
— Viajes con Charley
“Montana me parece que es lo que un niño pequeño pensaría que es Tejas, de escuchar a los tejanos.”
— Viajes con Charley
“El guardián del lago era un viejo solitario, aún más porque tenía esposa. Me enseñó su foto dentro de un escudo plástico en su billetera, una chica bonita y rubia tratando lo mejor que podía de ser igual a las fotos de las revistas, una chica de productos, permanentes caseras, shampoos, acondicionadores y cremas para la piel. Ella odiaba estar en lo que ella llamaba ‘la maleza’, y se moría por la vida grandiosa y grácil de Toledo o South Bend.”
— Viajes con Charley
“¿Quién no ha sabido de una travesía que termina y muere antes del retorno del viajante?… Mi propia travesía comenzó mucho antes de marchar y terminó antes de regresar. Yo sé exactamente cuándo y en dónde terminó. Cerca de Abingdon, en la pata de Virginia, a las cuatro de la tarde de un día ventarroso, sin advertencia ni adió o beso en el pie, mi travesía se marchó y me dejó varado, lejos de casa.”
— el principio del último capítulo de Viajes con Charley, p. 243
Otros libros notables en este género son:
Tres hombres en un barco (por no decir nada acerca del perro), de Jerome K. Jerome (1889).
Pescando truchas en los Estados Unidos de Richard Brautigan (1967).
Zen y el arte del mantenimiento de las motocicletas, de Robert M. Pirsig (1974)
Horizonte, de Barry López (2020).
También podría argumentarse que Las uvas de la ira (1939), el épico relato de Steinbeck acerca de la depresión y la huida de los Okies de California, fue un diario de viajes en el género de ficción histórica. Si vamos a eso, uno podría argumentar que El viejo y el mar, de Hemingway fue un diario de viajes ficticio de una salida de tres días en barco en la costa de Cuba y que El señor de los anillos fue un diario de viajes acerca de Frodo y Sam tratando de llevar el anillo de vuelta a Mordor. Pero tal vez estoy siendo tonto.
Ya sea que escojas uno de estos extraños y maravillosos diarios de viaje, o un libro de un género completamente distinto, yo creo que vas a estar refrescado por la deliciosa vacación-en-tu-mente que puedes tomar viendo las páginas de buena literatura.
Los buenos libros fueron escritos para tiempos como este.
Roy H. Williams