{"id":1810,"date":"2017-12-04T14:09:46","date_gmt":"2017-12-04T20:09:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elmagodelapublicidad.com\/?p=1810"},"modified":"2017-12-04T14:11:01","modified_gmt":"2017-12-04T20:11:01","slug":"cuando-creemos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.elmagodelapublicidad.com\/?p=1810","title":{"rendered":"Cuando Creemos"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\"><a href=\"http:\/\/www.mondaymorningmemo.com\/littlelatin\/\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.elmagodelapublicidad.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2017_49_RealityHead_OliveWeathBeagle_780.jpg\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\"><strong><span class=\"s1\">Cuando Creemos<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Estaba preocupado que la cena de Acci\u00f3n de Gracias no fuera ser igual este a\u00f1o sin el T\u00edo Alfred. Cada a\u00f1o, desde que puedo recordarme, cuando llegaba el momento en que cada uno dijera qu\u00e9 ten\u00edamos que agradecer, el T\u00edo Alfred nos contaba su famoso Cuento de los Zapatos.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u201cTu mam\u00e1 ten\u00eda seis a\u00f1os y yo nueve cuando yo ten\u00eda que cortarle las puntas a mis zapatos para dejar que se salieran los dedos. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, no pod\u00eda ni siquiera meter los pies. En los d\u00edas verdaderamente fr\u00edos, yo envolv\u00eda mis pies en peri\u00f3dicos y los amarraba con hilo de embalar. Siempre sab\u00eda en d\u00f3nde encontrar el hilo, porque el repartidor de peri\u00f3dicos siempre cortaba los paquetes entre la Novena y Pike cada ma\u00f1ana, justo enfrente de la tienda por departamentos Boscov\u00b4s. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Una ma\u00f1ana a finales de noviembre, yo estaba viendo un par de zapatos en la ventana de Boscov\u00b4s cuando escuch\u00e9 la voz de una mujer detr\u00e1s m\u00edo decir: \u201cUn centavo por tus pensamientos.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Me di la vuelta y all\u00ed estaba ella, ense\u00f1ando un centavo. Pod\u00edas comprar dulces por un centavo en esos d\u00edas, as\u00ed que tom\u00e9 la moneda y le dije la verdad, a pesar de sentirme terriblemente avergonzado: \u201cEstaba pidi\u00e9ndole a Dios un par de zapatos.\u201d Su cara se nubl\u00f3 un poco cuando dije eso y pens\u00e9 que se hab\u00eda decepcionado con mi respuesta y quer\u00eda su centavo de regreso, as\u00ed que baj\u00e9 los ojos al suelo. All\u00ed fue cuando ella me levant\u00f3 la barbilla con sus dedos y sonri\u00f3.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u201c\u00bfCu\u00e1l es tu nombre?\u201d, pregunt\u00f3.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u201cAlfred\u201d, le respond\u00ed.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Ella abri\u00f3 la puerta de Boscov\u00b4s con una mano y me alarg\u00f3 la otra: \u201cEntra conmigo, Alfred.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Yo nunca hab\u00eda estado dentro de Boscov\u00b4s.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Ella me sent\u00f3 en el departamento de zapatos, desenvolvi\u00f3 los peri\u00f3dicos de mis pies y le dijo al dependiente que trajera siete pares de calcetines, todos del mismo color. Ella me puso un par, luego le dijo al dependiente que me tallara con las mejores botas de trabajo que pudieran comprarse, pero que fueran un poco holgadas porque yo obviamente era un chico en crecimiento.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Parado en esas botas, me sent\u00eda de dos metros de alto.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Ella le pag\u00f3 al dependiente, luego me dio la caja de botas que conten\u00eda los otros cinco pares de calcetines. Me dio la mano y dijo: \u201cFeliz D\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias, Alfred y Feliz Navidad.\u201d Y luego comenz\u00f3 a alejarse.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">All\u00ed fue cuando me sorprendi\u00f3 escuchar mi propia voz tr\u00e9mula preguntar: \u201c\u00bfUsted es la esposa de Dios?\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">La hermosa mujer se dio la vuelta y sonri\u00f3: \u201cNo, cari\u00f1o, yo soy la Sra. McGovern.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El T\u00edo Alfred siempre terminaba su Cuento de los Zapatos en la misma forma. \u201cNunca volv\u00ed a ver a la Sra. MacGovern, pero la voy a recordar el resto de mi vida.\u201d Y luego se secaba las l\u00e1grimas de la mejilla.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El T\u00edo Alfred nunca se cas\u00f3 y nunca se fue de Reading, Pennsylvania. Pero fue escalando los puestos hasta convertirse en ejecutivo de un tren y le fue muy bien. Pero mi T\u00edo Alfred tambi\u00e9n fue bueno. Porque cada a\u00f1o a finales de noviembre, desde que ten\u00eda 17 a\u00f1os, Alfred le compraba un n\u00famero sustancial de zapatos nuevos a todos los ni\u00f1os pobres que pod\u00eda. Cientos de ni\u00f1os al a\u00f1o. Y cada par era entregado con una nota que dec\u00eda: \u201cUn Regalo de la Sra. McGovern.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">And now I must break your heart.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">I don\u2019t have an Uncle Alfred.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Y ahora tengo que romperte el coraz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Yo no tengo un T\u00edo Alfred.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u201cTodos somos muy buenos para suspender nuestra desconfianza. Lo hacemos todos los d\u00edas leyendo novelas, viendo televisi\u00f3n o yendo al cine. Nos adentramos voluntariamente en mundos en los que le hacemos porras a nuestros h\u00e9roes y lloramos por amigos que nunca tuvimos.\u201d<\/span><\/p>\n<ul>\n<li class=\"li1\"><span class=\"s1\">Marco Tempest, en su Charla TED del 2012<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u201cLa ficci\u00f3n usualmente es vista como un entretenimiento escapista\u2026 Pero es dif\u00edcil reconciliar la teor\u00eda escapista de la ficci\u00f3n con los patrones profundos que hemos encontrado en el arte de contar cuentos\u2026 Nuestros varios mundos ficticios son \u2014 en su totalidad \u2014 paisajes de horror. La ficci\u00f3n puede liberarnos temporalmente de nuestros problemas, pero lo hace atrap\u00e1ndonos en nuevos sets de problemas \u2014 en mundos imaginarios de luchas y estr\u00e9s y tristeza mortal\u2026 La ficci\u00f3n tambi\u00e9n tambi\u00e9n parece ser m\u00e1s efectiva para cambiar las creencias que la no ficci\u00f3n, que est\u00e1 dise\u00f1ada para persuadir a trav\u00e9s de argumento y evidencia. Estudios demuestran que cuando leemos no ficci\u00f3n, leemos con los escudos puestos. Somos cr\u00edticos y esc\u00e9pticos. Pero cuando nos absorbe una historia, bajamos nuestra guardia intelectual.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2013 Jonathan Gottschall<\/span><\/p>\n<p class=\"p3\"><span class=\"s1\">Los hechos cuentan. Las historias venden. Y lo espec\u00edfico es m\u00e1s cre\u00edble que lo general.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Yo les llamo a eso espec\u00edfico \u201cganchos de realidad\u201d. Ellos hacen que una historia se sienta real, aun cuando no lo es.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Le met\u00ed 62 de ellos en mi historia acerca del mi T\u00edo Alfred. Mira si los puedes encontrar.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Mi historia del T\u00edo Alfred fue simplemente una versi\u00f3n modificada de una historia atribuida al ya fallecido Leo Buscaglia. As\u00ed es como se cuenta usualmente:<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Un (sin nombre) ni\u00f1o descalzo estaba viendo una vitrina de una (sin nombre) zapater\u00eda en un d\u00eda fr\u00edo (en una ciudad sin nombre).<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Una (sin nombre) mujer se le acerc\u00f3 y le dijo: \u201cVaya, c\u00f3mo est\u00e1s de concentrado\u201d. El ni\u00f1o contest\u00f3: \u201cLe estaba pidiendo a Dios un par de zapatos.\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Tom\u00e1ndolo de la mano, la mujer lo meti\u00f3 a la zapater\u00eda y le pidi\u00f3 al dependiente que le trajera un recipiente con agua y una toalla. (Porque, ya sabes, los dependientes de zapater\u00edas siempre tienen un recipiente con agua y una toalla a la mano.) \u00c9l se los llev\u00f3 r\u00e1pidamente. Ella luego le lav\u00f3 los pies al ni\u00f1o y los sec\u00f3 con la toalla. Poni\u00e9ndole un par de calcetines en los pies, procedi\u00f3 a comprarle un par de zapatos.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Cuando ella se dio la vuelta para irse, el ni\u00f1o sorprendido le agarr\u00f3 la mano. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Viendo su cara, con l\u00e1grimas en los ojos, le pregunt\u00f3: `\u00bfUsted es la esposa de Dios?\u00b4\u201d<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">S\u00ed, es un lindo cuento y tiene excelente moralidad y hace eco a la historia de Jes\u00fas lavando los pies de los disc\u00edpulos en la \u00faltima cena.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u00bfPero son\u00f3 tan cierta como mi cuento del T\u00edo Alfred y la Sra. McGovern en el departamento de zapatos de Boscov\u00b4s en Reading, Pennsylvania?<\/span><\/p>\n<p class=\"p3\"><span class=\"s1\">Si quieres ser m\u00e1s convincente, recuerda esto: lo espec\u00edfico es m\u00e1s cre\u00edble que lo general.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Y, s\u00f3lo para que quede en el registro, el Boscov\u00b4s entre la Novena y Pike en Reading, Pennsylvania fue construido en 1918. Rev\u00edsalo si quieres.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u00bfPuedes decir \u201cgancho de realidad\u201d?<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Indy me dijo que te dijera Aruu\u00fa.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Roy H. Williams<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Creemos Estaba preocupado que la cena de Acci\u00f3n de Gracias no fuera ser igual este a\u00f1o sin el T\u00edo Alfred. 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